El proceso pictórico de Cecily Brown

enero 9, 2017, 7:24 PM

Cecily Brown (Inglaterra, 1969) produce cuadros con exuberantes cantidades de pintura, donde se reconocen fragmentos de figuras que en ocasiones nos hacen dudar respecto a lo que creemos que representan. En un punto intermedio entre la abstracción y la figuración -términos que la pintora rechaza-, sus pinturas están repletas de colores que remiten a encarnaciones. Rojos, rosas, cafés verdosos y amarillentos, tendidos sobre lo que muchas veces aparentan ser paisajes abstractos. Pintados con brochazos de apariencia fugaz e incluso violenta, su obra no sólo nos remite al cuerpo humano por la forma en que pinta y las figuras presentes en sus cuadros, sino también por la cantidad de pintura que la artista emplea y por la escala en la que trabaja sus imágenes.

La obra de Cecily Brown ha sido muchas veces descrita como producto de la experiencia de vida que trae consigo el tener un cuerpo hecho de carne. Este aspecto de la vida que la artista retrata e investiga en su obra se vislumbra a través de la representación del cuerpo, pero también a través de la investigación del cuerpo de la pintura en sí. Su obra es, en tanto que cuerpo, el cuerpo metafísico de la pintura a lo largo de la historia, así como también el cuerpo como materia misma, la pintura con la que un cuadro se pinta.

 

Cecily Brown, Hollyhocks that Aim too High (Malvarrosas demasiado ambiciosas), óleo sobre lino, 134.6 x 154.9 cm, 2013. Fotografía de Rob McKeever.

 

La obra de Cecily Brown ha sido muchas veces comparada con la obra de distintos expresionistas abstractos, relacionando los estilos de la forma más obvia y literal. Sin embargo, al ser analizada nos damos cuenta que la similitud surge de intereses en común más profundos que sólo estilísticos. Al igual que la obra de muchos expresionistas abstractos, quienes estuvieron profundamente interesados en la libido, el inconsciente y el psicoanálisis, la obra de Cecily Brown nos remite, entre otras cosas, a nuestras pulsiones inconscientes. Podríamos decir que sus lienzos son una emanación misma del Eros y Tánatos que Freud identificó como parte de nuestro inconsciente. Más no son exclusivamente emanaciones, sino reflexiones en sí mismas: un indagar respecto a su origen y a las necesidades que encarnan. En la obra de Brown estas emanaciones toman forma a través de representarse a sí mismas en pintura, a lo que se suma las repercusiones de su procedencia de reflexiones sobre la historia del arte y, en particular, de la pintura.

La vida vista a través del cuerpo, lo irrevocable de la muerte y la búsqueda de la eternidad a través del sexo -o quizá a través de un acto de creación como lo puede ser el arte- es un motor que ha sido investigado por la artista a través de innumerables lienzos de artistas previos a ella. Muchos de estos artistas de hecho aparecen como referencias visibles en la obra misma de la artista.

 

“Al margen de si la pintura se inventó, como aseguraba Willem de Kooning, para representar la carne humana, la historia de la carne y el acto de pintar están íntimamente relacionados con el hecho de tener un cuerpo carnal, de ser finito. Pintar, como ya se ha señalado, no es sólo cuestión de componer cuadros, sino también de realizar ese acto creativo con plena conciencia de ello, de manera reflexiva. La pintura es un líquido que se solidifica o, por expresarlo en otros términos, un material vivo que muere, y sin embargo, por paradójico que resulte, se asume que el acto de pintar equivale en cierto sentido al de dar a luz”.

La pintura hoy, editorial Phaidon.

 

 

Cecily Brown, Fair of Face, Full of Woe (Rostro bello, colmado de aflicción), óleo sobre tela, cada tela:43.2 × 33.3 cm, 2008.

 

Influencias

Si bien la crítica ha vinculado el trabajo de Brown principalmente con la pintura de De Kooning, entre los expresionistas abstractos que la pintora nombra dentro de sus influencias se encuentran también artistas como Gorky y Guston. Sin embargo, sus influencias más significativas no son expresionistas abstractos. Cecily Brown, como muchos otros artistas, no considera las obras de arte como objetos del pasado, sino más bien como obras de un extenso presente con las cuales nos es posible entablar un diálogo. Para ella pintores como Goya, Velázquez, Degas y Francis Bacon son influencias tan cercanas a su pintura como lo pueden ser sus contemporáneos.

 

Philip Guston, Painting, Smoking, Eating (Pintando, fumando, comiendo), óleo sobre tela, 77 x 103 pulgadas, 1972.

 

Willem de Kooning, Two Women with Still Life (Dos mujeres con naturaleza muerta), pastel y carbón sobre papel, 1952.

 

Abstracción y figuración

Quizá una de las razones principales por la que se ha comparado tantas veces la pintura de Brown con la pintura de De Kooning sea el punto intermedio que la obra de ambos artistas halla entre figuración y abstracción, haciendo énfasis en la figura humana. Si bien la artista considera ambas clasificaciones demasiado torpes, sin duda aprovecha el juego entre la forma y lo informe dentro de sus pinturas. Esta relación se torna interesante en su propio proceso de trabajo y no únicamente en la estética de sus obras. Brown rara vez parte de una imagen preconcebida. Por lo general, las imágenes surgen conforme el cuadro es pintado, cambiando constantemente en el proceso. Sobre su proceso de trabajo, la artista menciona que si bien muchos artistas tienen miedo al lienzo en blanco, ella más bien tiene miedo a que las figuras comiencen a ser satisfactorias muy pronto al trabajar una pintura. Esa situación dificulta su proceso al implicar que tenga que ser mucho más cuidadosa y respetuosa con las imágenes ya terminadas.

La forma en que Brown empieza un cuadro es por lo general colocando un color base. De ahí comienza a hacer trazos que dan lugar al paulatino surgimiento de una forma. En raras ocasiones, la pintura surge de una idea vaga como una mujer en cama o una niña en un columpio. El cuadro va tomando forma por sí mismo. La artista describe su proceso pictórico como un tira y afloja entre su voluntad y lo que aparece en el cuadro. Las pinturas al final son una mezcla de lo que el azar y la pintura quisieron hacer en el cuadro, sumado a lo que ella buscaba crear en él.

Cecily Brown, Teenage Wildlife (Vida silvestre adolescente), óleo sobre lino, 2004.

 

Cecily Brown, Couple (Pareja), óleo sobre lino, 2004.

 

Otros aspectos del proceso pictórico de Cecily Brown

Brown tiende a trabajar muchas pinturas a la vez, por lo que lo que ocurre en un lienzo tiende a “salpicar” metafóricamente otros lienzos que esté trabajando en el momento. No obstante, pese a que su proceso de trabajo es muy disperso en cuanto a la cantidad de obras que produce a la vez, la artista reconoce sentirse mucho más enfocada cuando su proceso implica trabajar varios cuadros al mismo tiempo. Es de esta manera que lo que logra concretar en una pintura se vuelve parte de la otra. Las soluciones que surgen de una pasan a formar parte de otros lienzos y, de hecho, dice que de cada obra suelen salir muchas más, sin que necesariamente todas terminen siendo iguales. Quizá aquello que salva a la obra de Brown de caer en lo repetitivo sea la cantidad de tiempo que dedica a cada pintura y los largos períodos de contemplación que conforman parte importante de su técnica pictórica.

Su proceso, al igual que el de muchos otros artistas, implica largos períodos de no-acción, dedicados a la observación de la obra durante largo tiempo. Estos períodos son seguidos de momentos breves y frenéticos de atacar el cuadro. A este sistema la artista le llama: ” ver despacio, pintar rápido”. Por supuesto, este método de trabajo no es exclusivo de Cecily Brown, de hecho me viene a la mente un artista que, si bien no es pintor, también pasaba largos períodos dentro de su estudio sin hacer nada tangible. Este artista es el mítico Bruce Nauman, quien solía decir que su trabajo de estudio implicaba en ocasiones meses sin producción alguna. Pasaba semanas recargado en una mesa de trabajo, pensando en qué hacer hasta que surgía una idea, la cual quizá aún necesitaba seguir siendo observada. Lo interesante es que este período de no hacer nada no lo pasaba en la calle o en una cantina, sino metido en su estudio; para él eran horas de trabajo indispensables para el surgimiento de una obra.

En el caso de Cecily Brown, esto mismo se traduce también en horas, días o semanas observando un cuadro sin tocarlo. La artista ha mencionado que sus cuadros ideales son aquellos que toman mucho tiempo en ser terminados y que revelan cada vez más cosas mientras los observas: cuadros que no terminas rápidamente, ni de producir ni de observar; cuadros que no agotan. Dentro de esta misma forma de pensar, la artista describe al público ideal de sus obras como observadores pacientes, dispuestos a dedicar largo tiempo a observar una pintura: gente dispuesta a observar una pintura hasta por meses y años.

Cecily Brown, Single Room Furnished (Habitación individual amueblada), óleo sobre lino, 2000.

 

Cecily Brown, My Love (Mi amor), óleo sobre lino, 2004.

 

Cecily Brown, Seven Brides for Seven Brothers (Siete novias para siete hermanos), 1997-1998.

 

 

 

 

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