El renacimiento de la pintura figurativa a principios del siglo XXI

agosto 21, 2017, 4:36 PM

Son muchos los que encuentran abominable la pintura contemporánea debido a su escaso dominio técnico. Muchos artistas que en la actualidad se gradúan de las universidades de arte se quejan de no haber aprendido en ella a dibujar o a pintar. Sin embargo, no hace mucho tiempo que los artistas que estudiaban solían quejarse de lo contrario: de únicamente haber aprendido a “ejercitar sus muñecas”.

Durante algún tiempo, mientras transcurría la segunda mitad del siglo XX, la pintura estaba lejos del spotlight internacional. Gran parte de la prensa especializada la consideraba irrelevante, del mismo modo que los museos, coleccionistas y gran cantidad de artistas importantes. Pero la pintura ha resurgido internacionalmente como un medio significativo; desde principios de siglo se hizo notorio que la pintura recobraba fuerza. Algunos dicen que resurgió debido a que es más fácil colgar una pintura que coleccionar videoarte o performance. Sea cual sea la razón, es interesante ver que muchos de los pintores que formaron parte de este resurgimiento provenían de un lugar en particular: un lugar en el que la pintura nunca dejó de estar de moda.

 

Matthias Weischer, Fernsehturm (Torre de televisión), óleo, carboncillo, grafito y cinta adhesiva sobre tela, 200 x 290 cm, 2004.

 

La muerte de la pintura

Se ha hablado bastante sobre la muerte de la pintura a partir del nacimiento de la cámara fotográfica. Sin embargo, la época más dura para la misma llegaría después, hasta 1968, que es el mismo período de las protestas estudiantiles, la primavera de Praga, la guerra de Vietnam y la muerte de Martin Luther King, entre otras cosas. Éste fue un período de gran agitación social que sirvió como el detonador de una oleada de nuevas formas de arte, entre las que se encuentran el land art, el arte povera, el arte conceptual y el performance.

La pintura de la época, o bien continuaba siendo un instrumento político panfletario en los países socialistas, o bien estaba absorta en sí misma. La pintura formalista post expresionimo abstracto, “la consecuencia última de las vanguardias”, estaba más interesada por lo que pasaba en su interior que por los conflictos sociales. Los pintores famosos de la época no se unieron a los radicales en las barricadas, sino que continuaron pintando grandes lienzos para la clase pudiente. Cuando los manifestantes contemplaban los cuadros más aclamados del momento, encontraban pinturas que, aunque bellas, eran completamente indiferentes a las circunstancias del mundo. Como consiguiente, la pintura se convirtió en un símbolo de dicha indiferencia, llegando a ser abandonada e incluso repudiada por muchos.

 

David Schnell, Schilder (Letreros), óleo sobre tela, 2005. Rubell Family Collection.

 

Una pintura diferente

Como resultado del cambio en la forma de ver la pintura, a finales del siglo pasado nació una pintura diferente que requería criterios radicalmente distintos para ser leída. Esta pintura seguía siendo profundamente formalista, pero aunque siguiera obsesionada con la pintura en sí, adoptó nuevas formas de contar su historia. Esta nueva pintura se volvió más conceptual y menos sensorial; quizá para encajar, o quizá por preocupaciones legítimas.

No obstante, continuó siendo repudiada por muchos, incluso por los mismos pintores. Se volvió un tanto perversa, porque hablaba constantemente de sí misma como un fracaso, como si sólo así pudiera ser tomada en serio. Artistas como Buren, Mosset, Parmantier y Toroni realizaron exposiciones/happenings en los que se pintaba, pero con el único fin de ridiculizar a la pintura y exhortar a otros a abandonarla.

 

“En los últimos años, los artistas han cobrado conciencia de que el lenguaje tradicional ha quedado obsoleto y es irreal […] Estudiar pintura y escultura no difiere de aprender latín”. En otras palabras: “El sistema de creencias del viejo lenguaje se ha desmoronado y paralelamente se ha derrumbado nuestra capacidad de creer en el orden social, cultural, económico y político en el que se enmarcaba”.                                      Joseph Kosuth

 

Tim Eitel, Architect (Arquitecto), óleo sobre tela, 210 x 250 cm, 2012.

 

El rechazo a la pintura

La crítica especializada, los coleccionistas y los museos eliminaron a la pintura de su foco durante las décadas posteriores a 1968, para así centrarse en los nuevos medios. Esta situación se extendió durante varias décadas; todavía en 1998, 30 años después, una gran parte de la crítica de arte continuaba despreciando a la pintura. Ésta, por su parte, seguía cargando el peso de las vanguardias, preocupada principalmente por cómo autorepresentarse. En 1998, el crítico Boris Groys habló por muchos de sus colegas cuando declaró lo siguiente:

 

“La pintura contemporánea ya no está capacitada para emular lo que consiguió su homologa decimonónica, es decir, lanzar aseveraciones acerca del mundo. Los movimientos vanguardistas autoreflexivos y autodestructivos han ocasionado una obsesión en la pintura por su propia ‘objetualidad’, materialidad y estructuras, hasta el punto que ya no sirve para describir el mundo”.

 

Neo Rauch, Heillichtung, óleo sobre tela, 300 x 500 cm, 2014. Cortesía de la galería David Zwirner, Nueva York.

 

La escuela de Leipzig

A pesar del surgimiento de nuevas tendencias artísticas, hubo lugares donde nunca se dejó de pintar. Hubo un lugar particular en el cual, si bien llegó la influencia de la nueva pintura conceptual, formalista, minimalista y demás, el lenguaje pictórico no llegó a renegar su vínculo con la historia de la pintura europea prevanguardista.

En Leipzig, Alemania, se continuó pintando durante los setenta, ochenta y noventa. Hay quien dice que es porque a las mujeres de Leipzig les gustan los pintores, pero la realidad podría tener más que ver con circunstancias políticas. Los inconvenientes del Muro de Berlín son muy conocidos, pero en el arte esta división implicó que se diera continuidad a la tradición pictórica alemana en una parte de la República Democrática Alemana. En Leipzig, la Hochschule für Grafik und Buchkunst (Escuela Superior para Arte Gráfica y Tipografía) permaneció inalterada. En esta escuela los estudiantes aprendían a dibujar de modo tradicional y, entre otras cosas, se les exigía analizar la solución que grandes pintores daban al problema de fondo y figura. Se les planteaban problemas pictóricos reales en lugar de tenerlos sólo recitando las teorías de Derrida. De esta forma, el muro protegió la pintura del arte de Joseph Beuys.

La escuela de Leipzig, que ganaría reconocimiento a finales de los años noventa, más tarde se convirtió una escuela formada por pintores de distintas partes de Alemania. Muchos de ellos provenían de Alemania occidental, deseosos de reencontrarse con la pintura, junto con sus técnicas y sus géneros tradicionales.

 

Tilo Baumgärtel, Brod, óleo sobre tela, 190 x 240 cm, 2012.

 

La pintura de Leipzig

La pintura de Leipzig mantenía cierto aspecto romántico de la pintura de Caspar David Friedrich, pero traída a un contexto actual. Era una pintura hecha para verse y no sólo para pensarse; un pintura sensorial. Se trataba de una pintura que habitaba el mundo moderno de forma muy distinta a la pintura postmoderna de los años setenta y ochenta. La pintura de Leipzig no era una pintura realizada por fríos analistas de los problemas pictóricos formales. Era una pintura que, aunque guardando relación con el presente, no renegaba de la narrativa, el simbolismo y todo aquello de lo que buscaba desprenderse la pintura post expresionista abstracta.

 

 

Eberhard Havekost, Transformers, B14, óleo sobre tela, 120 x 180 cm, 2014.

 

El resurgimiento de la pintura

A principios del siglo XXI comenzó a resurgir la pintura en general, tanto para galeristas como para coleccionistas. Algunos críticos explican el renacimiento diciendo que es más fácil decorar las casas de los ricos con pinturas que venderles performance y videoarte. Sin embargo, otros ven este resurgimiento como una consecuencia legítima de la historia del arte, más allá de lo comercial. Independientemente de la razón, es curioso reconocer a distintos pintores de la escuela de Leipzig como parte importante de este resurgimiento.

El éxito comercial de la pintura de Leipzig, en gran medida como el de la pintura china reciente, se debe a su excelente técnica. Su ejecución se antoja difícil. El artista David Schnell habla de su estancia en la academia de Leipzig como “verse arrojado al siglo XIX”. Para muchos críticos, la demostración de esta forma de dominio técnico se ha vuelto innecesaria e incluso de mal gusto. No obstante, los pintores de la escuela de Leipzig han puesto la técnica al servicio, tanto de lo burlesco, como del planteamiento crítico de la representación. Además trajeron a la pintura problemas diferentes a los formales, retomando problemas que fueron tocados más bien por los surrealistas, estando vinculados con la psique y el símbolo.

Ya se dijo que en algún momento sucedió que la pintura quiso ser desechada por su incapacidad para comprometerse socialmente. Los pintores de Leipzig hicieron que en su obra lo individual recobrara significado, partiendo de que lo social es a su vez reflejo de lo que ocurre en el interior del individuo. Su pintura ayudó a que varios aspectos de la pintura recobraran su lugar en la historia del arte. La pintura figurativa, la técnica y la pintura de géneros convencionales fueron reinstauradas, no sólo en la pintura de Alemania, sino también para pintores de otras partes del mundo.

 

Tim Gardner, acuarela. http://tgpaintings.blogspot.mx/

 

 

 

 

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