El estilo y la técnica tenebrista

septiembre 25, 2017

La palabra tenebrismo proviene del latín tenebrae, que quiere decir tinieblas. Este término ha sido acuñado por la historiografía del arte para referirse a un estilo de pintura perteneciente al barroco temprano. Entre sus exponentes más reconocidos se encuentran Caravaggio, José de Ribera, Adam de Coster y el ligeramente posterior Georges de La Tour. Este movimiento se caracteriza por su violento énfasis en el claroscuro y su uso de intensos contrastes entre luces y sombras, mediante una forzada iluminación.

El tenebrismo, así como es un estilo pictórico, es también una corriente interesada en ciertos temas y con una forma particular de trabajarlos. Caravaggio no sólo influenció a gran cantidad de pintores con su aproximación a la representación pictórica en términos estilísticos. En sus manos, el gran realismo y la alta figuración conseguida por los pintores renacentistas, así como el uso del claroscuro, se convertiría en una herramienta mordaz y subversiva que seguiría y seguirá influyendo a artistas por mucho tiempo.

Esta corriente no sólo trajo consigo una nueva forma de pintar en el plano estético, sino también una nueva forma de comunicar. En vez de únicamente valerse de aspectos simbólicos y hermenéuticos para transmitir mensajes, también se valía de la iluminación y la atmósfera para acentuar sus discursos de manera significativamente más teatral.

En esta publicación se hablará de la técnica tenebrista y su aproximación a la pintura.

 

José de Ribera, Ecce Homo, óleo sobre tela, 97 x 81 cm, h. 1620.

 

Los pintores tenebristas

Muchos pintores que fueron influenciados por Caravaggio son considerados tenebristas. Sin embargo, hay historiadores que cuentan incluso a artistas previos a Caravaggio, como Juan Sánchez Cotán o Luis Tristán, dentro de aquellos pintores que llevan el nombre de tenebristas. En particular se reconoce a ciertos pintores de la escuela barroca española temprana como parte de esta tendencia pictórica. Pero lo cierto es que esta corriente y la influencia de Caravaggio es en muchos sentidos mucho más amplia, y no se reduce exclusivamente a territorio español.

El uso del claroscuro y otros recursos del tenebrismo no fue -por supuesto- una invención de Caravaggio. El claroscuro, por ejemplo, comenzó a utilizarse durante el renacimiento. Pintores del renacimiento tardío como El Greco y Leonardo da Vinci lo enfatizaron intensamente en su pintura. No obstante, las diferencias estéticas que existen entre el uso del claroscuro de épocas previas y el uso que Caravaggio y los pintores tenebristas dieron al mismo, son significativas. Tanto así que muchas veces el término claroscuro tiende a relacionarse más con este género pictórico posterior al renacimiento que con cualquier pintura renacentista.

 

Leonardo da Vinci, San Giovanni Battista (San Juan Bautista), óleo sobre tabla, 69 × 57 cm, 1513-1516.

 

La luz tenebrista

Hay varios recursos estéticos que separan al tenebrismo de la pintura renacentista, siendo el uso de la luz uno de los más significativos. En la pintura tenebrista se hace uso de un recurso conocido como spotlight para iluminar las escenas. Este recurso consiste en alumbrar las escenas con una sola fuente de luz dirigida, que puede ser la luz de una ventana, la luz de una vela, o un rayo de luz divina que desciende desde el cielo. La particularidad de esta luz es que es una luz principal focalizada, única y no generalizada.

Existen dos vertientes básicas del uso de este concepto en la pintura tenebrista. Una de ellas es conocida como Luz de vela, la cual, como su nombre indica, es representada en la pintura como proveniente de una vela, o incluso una luz mística sin origen claro. Una característica de esta luz es que vuelve más intimas las escenas -al tratarse de luz interior-. Al mismo tiempo, puesto que es una luz más baja que la del sol o de un reflector intenso, tiende a producir un espectro cromático más amplio. En una representación, este tipo de luz permite un juego plástico que no sólo implica el claroscuro, sino también un gran dominio de la teoría del color.

El otro tipo es la luz que entra por una ventana, una abertura o un tragaluz tácito. En ocasiones, este tipo de luz produce líneas de sombra marcadas sobre los fondos, o sombras y luces duras sobre los personajes. Ambas luces tienen la cualidad de acentuar el dramatismo de las imágenes, aunque de formas distintas. Esto, en las manos de los grandes pintores de este período, se volvió un instrumento discursivo importantísimo con el cual fueron capaces de acentuar o subvertir las escenas de sus cuadros.

Hoy en día, este tipo de luz sigue siendo ampliamente utilizado en teatro y cine. Toda luz de reflector que sea focalizada gira en torno a una idea similar y es un magnífico recurso plástico que puede aprovecharse.

 

 

Godfried Schalcken, Artista y modelo mirando una estatua antigua con luz artificial, óleo sobre tela, 44 x 35 cm, h. 1675-1680.

 

Michelangelo Merisi da Caravaggio, La vocación de San Mateo, óleo sobre lienzo, 338 × 348 cm, h. 1599-1600. Capilla Contarelli, San Luis de los Franceses, Roma.

 

Michelangelo Merisi da Caravaggio, Juan bautista, 173 x 133 cm, 1604, Nelson-Atkins Museum of Art, Kansas.

 

La obscuridad tenebrista

Un elemento sumamente significativo de la pintura tenebrista es la combinación de luz y sombra. Las luces de este tipo de pintura únicamente logran ser tan exaltadas gracias a que las sombras son igual de intensas.

De hecho, para que sus luces produjeran gran impacto, los pintores tenebristas muchas veces hacían que la zona en que ésta hacía su aparición estuviera en tinieblas. Por lo mismo, este recurso adquirió el nombre de luz de sótano o luz de bodega. La sensación que esto solía producir era la de estar en una zona muy obscura y de pronto tener un haz violento de luz que entra a una habitación, justo antes de que nuestros ojos se adapten del todo a esta nueva luz que ha entrado a pintar la escena.

Los pintores posteriores al tenebrismo, que sin duda fueron influenciados por el mismo, pudieron haber buscado formas de reproducir físicamente esta circunstancia. Uno de estos pintores fue Vermeer, quien construyó un cuarto obscuro dentro del cuarto en que pintaba. Desde esta cámara obscura realizaba distintas operaciones. Por un lado, la usaba para trazar las imágenes que habría de pintar; por otro, la empleaba para observar las escenas. Gracias a la obscuridad de dicha habitación, sus pupilas se abrían, captando más luz del exterior y produciendo físicamente la sensación visual que buscaba recrear gran parte de la pintura tenebrista: el alto contraste.

Puesto que en la pintura no puede conseguirse un color más luminoso que el blanco puro, cuando se quiere exaltar la luz de algo, el punto no es sólo acentuar su blancura, sino además exagerar la obscuridad en todo aquello que rodea la luz en cuestión. La obscuridad tenebrista implica más que un aspecto simbólico, pues también abarca una realidad técnica práctica.

 

Georges de La Tour, El sueño de San José, óleo sobre tela, 93 x 82.2 cm, h. 1628–1645. Musée des Beaux-Arts de Nantes, Francia.

 

Gerrit van Honthorst, Adoración de los pastores, óleo sobre tela, 1622. Museo Wallraf Richartz.

 

Los procedimientos pictóricos tenebristas

Por supuesto, todo aquel que haya visto este tipo de pintura en vivo sabrá que implica más que el simple uso de contraste. Si fuera tan simple, muchos la podríamos replicar sin mayor dificultad. Sin embargo, la pintura tenebrista conlleva también técnicas complejas. De hecho, sino fuera por los sistemas de pintura renacentistas y las técnicas que le heredó al tenebrismo, el impacto visual que produce la obra de este último no sería tal.

En particular puede decirse que la pintura tenebrista se debe a la técnica veneciana. Los materiales con que ambas se pintan son aceite negro en las capas superiores y temple en las manos internas. Así mismo, ambas se valen de las grisallas para modelar, y posteriormente de veladuras para dar colorido y, en caso del tenebrismo, tanto para exaltar la sombra como la luminosidad.

En la técnica tenebrista solía trabajarse con blanco de plomo y con aceite negro, ambos sumamente refractantes. Si trabajas con blanco de plomo en capas internas y luego superpones veladuras de aceite negro, logras una especie de acabado espejo que exagera drásticamente la luz. El blanco de plomo es un tanto perlado, característica que hace que refracte la luz con fuerza, cual espejo. Por otro lado, el aceite negro que también se empleaba durante la época, igualmente contiene plomo, lo cual lo hace también ser refractante. Las características de ambos fueron aprovechadas de forma ideal en el tenebrismo, combinándolos con altos contrastes y logrando así una luz vehementemente exaltada.

 

José de Ribera, Aristóteles, óleo sobre tela, 120 × 99 cm, 1637.

 

El uso del color en la pintura tenebrista

Gracias al puerto de Venecia, muchos pintores venecianos tuvieron acceso a colores que en ningún otro lugar de Europa eran fácilmente accesibles. Esto les permitió trabajar el colorido de una forma nunca antes vista, hecho particular a este movimiento. Los pintores tenebristas también tuvieron una forma particular de usar el color, aunque ésta no implicaba exaltar el colorido en sí mismo, sino exaltar el dramatismo de sus pinturas.

Los pintores tenebristas, y aquellos influenciados por el tenebrismo, así como se dieron cuenta de que podían usar el contraste y los materiales de pintura para exagerar el dramatismo lumínico, notaron también que el color podía ser útil para facilitar esta tarea. Del mismo modo que producían altos contrastes entre blancura y negrura, también lo hacían en cuanto a color. Forzaban el espectro cromático al diferenciar luz y sombra. Algunos ponían luces amarillentas e incluso amarillo limón, con una inmensa cantidad de blanco. Posteriormente, éstas eran contrastadas con sombras carmines, amoratadas e incluso azulosas, abarcando polos opuestos del espectro cromático con la intención de forzar el contraste entre ambos.

 

 

Rembrandt Harmenszoon van Rijn, Descendimiento de la cruz, óleo sobre tela, 158 x 117 cm, 1634.

 

Rembrandt Harmenszoon van Rijn, Het feestmaal van Belsazar (El festín de Baltasar), 167.6 x 209.2 cm, hacia 1635-1638.

Las escuelas tenebristas

Si bien es Caravaggio a quien se le atribuye la invención del tenabrismo, lo cierto es que muchos de los recursos del mismo ya eran usados por pintores previos. Entre estos podemos encontrar a Alberto Durero y El Greco, entre otros muchos.

El tenebrismo fue el estilo pictórico más influyente del barroco. Sin embargo, el nombre tenebrismo es usado generalmente para hablar de ciertos pintores españoles del siglo XVII. Estos pintores españoles realizaron distintas pinturas en las que exaltaban principalmente las tinieblas, mas no son los únicos que fueron profundamente influenciados por el estilo pictórico de Caravaggio.

Existe otra vertiente del tenebrismo conocida generalmente bajo el nombre de la tradición del candelabro, que empleó el estilo tenebrista para exaltar la luz. Este estilo pictórico sería menos “tenebroso” que el tenebrismo en sí, puesto que empleaba los recursos del mismo con fines variados. El interés principal de los pintores de este género sería más el dramatismo visual y estético de esta tendencia pictórica. La corriente en cuestión comprende pintores como George de La Tour, quien pintó muchas escenas iluminadas por una sola vela, Rembrandt, Gerrit van Honthorst, Adam de Coster y Trophime Bigot, entre otros. Este estilo pictórico fue particularmente influyente entre los artistas holandeses y, después de Rembrandt, se volvería influyente en todas partes.

 

Godfried Schalcken, Mujer joven con vela, óleo sobre tela, 61 x 50 cm, 1670-1675.

 

Gerrit van Honthorst, Cristo ante el sumo sacerdote, óleo sobre tela, 272 x 183 cm, h. 1617.

 

Adam de Coster (h. 1586 – 1643), Mujer joven sosteniendo una rueca delante de una vela encendida, óleo sobre tela, 134 x 94.9 cm.

 

 

Consejos para pintura figurativa en técnica de encausto

septiembre 18, 2017

La técnica de encausto, o encáustica, es una técnica milenaria redescubierta a principios del siglo XX. Algunas de las pinturas más famosas realizadas en esta técnica son los retratos mortuorios del Fayum, que han fascinado a gran cantidad de pintores a través de los siglos, tanto por su calidad figurativa como por su técnica única.

Los retratos del Fayum nos permiten ver que la precisión figurativa de los pintores previos a la Edad Media era altísima. Nos dejan percibir un poco del gran dominio técnico de antaño y de su forma de pintar, permitiéndonos reconocer cómo transformó por completo al arte la llegada del oscurantismo, subordinándolo a la ideología de un sector de la población: el clero.

Durante el Renacimiento, la existencia de los retratos del Fayum fue recuperada por distintos pintores. Entre éstos se encontraba Leonardo da Vinci, quien intentó reproducir la técnica de encausto, sin éxito. Se sabe que pintó murales con la misma y que al intentar cauterizarla con calderas ardientes, la pintura lloró de las paredes. Da Vinci no fue el único que intentó reproducir la técnica de encáustica sin éxito; hubieron varios intentos. A principios del siglo XX, la técnica fue redescubierta por Diego Rivera, para ser utilizada de ahí en adelante por una gran cantidad de pintores.

 

Retrato de Joven, Encaustica sobre tabla, 125 – 150 A.D.

 

Las características del encausto

Existen muchas formas de trabajar la técnica de encausto. Muchos prefieren usar este material en pintura abstracta o semifigurativa, puesto que por sus características puede dificultar la realización de trabajos de alta precisión. Esto ocurre por distintas razones. En primer lugar, el encausto en frío es un material tan denso que no necesariamente es ideal para hacer detalles delicados. Al ser pastoso se dificulta trabajarlo con pincel, por lo que son preferibles espátulas para manejarlo.

El otro aspecto que dificulta lograr alta precisión con la encáustica es que ésta requiere ser cauterizada con calor. Esto quiere decir que los cuadros con esta técnica deben ser sopleteados o cauterizados al final con pistolas de calor industial. De no tomarse en consideración este paso, el encausto -entre otras cosas- no penetrará en el soporte. Esto ocasionará que con el tiempo, conforme se endurezca la película de cera, ésta se separará del soporte.

Sin embargo, es posible que esto no sea el mayor problema para la pintura figurativa en encausto. El conflicto está en que al sopletear el encausto, éste tiende a perder un poco su forma y, con ella, la precisión inicial pretendida. El calor hace que el encausto se reblandezca y, de esa forma, que la apariencia final del cuadro cambie un poco. Por suerte, si consideramos ciertos aspectos clave, podemos remediar o atenuar esta circunstancia. A continuación, los puntos a considerar.

 

Icono en encaustica del siglo 6, extraido del Convento de Santa Catarina, Egipto.

 

El encausto figurativo

El primer problema que presenta el encausto para la pintura figurativa, que es su gran densidad, puede solucionarse de dos formas. La primera es adelgazarlo con trementina para volverlo fluido. Al igual que el óleo, la encáustica tiene la capacidad de ser afinado con solvente, siendo la trementina el ideal. Por supuesto, es importante no usar tanta trementina que la cantidad de cera en la solución sea casi inexistente. No se debe olvidar que lo que pega el pigmento al soporte es la cera y no el solvente, por lo que la trementina se debe usar moderadamente. Sin embargo, esto es un buen remedio para solucionar el exceso de densidad del encausto.

Otra forma de resolver este problema es calentando el encausto antes de utilizarlo. De esta forma, la cera se volverá fluida y podremos trabajarla con pincel sin mayor conflicto. Existen distintas formas de calentar el encausto mientras es empleado. Quizá la más sencilla sea preparar previamente nuestros colores de encausto en recipientes de metal o peltre, que puedan calentarse. De esta forma podremos colocarlos en una parrilla en la cual mantengamos calor bajo pero constante, manteniendo así la fluidez de nuestras pinturas. En caso de que no tengamos una parrilla especial, otra forma de lograr lo mismo es colocando los mismos recipientes de metal con la encáustica en una palangana extendida con agua y mantenerlos calientes a baño maría.

 

La momia de Demetrio, 95-100 C.E.,11.600a-b, Brooklyn Museum

 

Problemas del encausto fluido

Si bien volver fluido el encausto puede hacer que trabajarlo sea más fácil, puede traernos algunas complicaciones a la hora de sopletear. Cuando sopleteamos el encausto, tiende a penetrarse en la superficie del soporte, por lo que las capas muy delgadas pueden llegar a desaparecer. Es por esto que utilizar el encausto demasiado fluido puede traernos problemas. Pero lo cierto es que esto no es irremediable; puede solucionarse colocando una capa previa de encausto delgado antes de comenzar a trabajar. De esta forma, saturaremos la superficie de nuestro soporte y éste no se tragará todas las capas superiores de pintura que coloquemos.

Es importante considerar la absorción de nuestro soporte antes de comenzar a trabajar, ya que algunos soportes absorben más que otros y por tanto requerirán una capa previa de mayor o menor densidad. También es importante no exceder la cantidad de encausto en la primera. De lo contrario, a la hora de sopletear podría perder su forma aquello que pintemos.

 

 

 

Momia con retrato de joven sobre panel insertado, Periodo Romano, A.D. 80–100, Egipto, Fayum, Hawara, Encaustica sobre madera de tilo,restos humanos, lino, material para momificación, momia: l. 169 cm (66 9/16 in); w. 45 cm (17 11/16 in); panel: l. 38.1 cm (15 in); w. 18 cm (7 1/16 in)

 

El impasto en pintura de encausto

Otro problema que presenta la encáustica al ser sopleteada es que con calor tiende a reblandecerse y a extenderse sobre el soporte, de la misma forma que la cera. La forma de solucionar esto es agregando cargas al encausto mientras se está trabajando. Esto quiere decir aumentarle la cantidad de pigmento al encausto o agregarle materiales de carga como carbonato o caolín. Por una parte, la carga extra aumentará la densidad del encausto, lo que hará que no se mueva tanto al ser sopleteado. Además, generará en él una especie de sensación de fraguado que también le dará solidez. Por último, le ayudará a secar mucho más rápido. Este último punto es quizá el más importante del uso de cargas extra en la pintura de encausto, ya que a menor sea el tiempo de secado del medio, menos se moverá la pintura al sopletearlo.

Por supuesto y como imaginarán, agregar carga extra a la encáustica tiene sus consecuencias. Al volverse menos fluido y un poco más denso, éste se vuelve un material más tosco, lo que hace un poco más difícil el trabajo delicado. No obstante, adquiere un carácter visual bastante interesante, típico de la pintura de encausto.

 

 

Retrato del Fayyum, Carlsberg Glyptotek, Copenaghen, Danimarca

 

Dejarlo secar

Un último consejo para que lo que pintemos con encáustica conserve su forma, es dejarlo secar el tiempo suficiente. En gran medida, lo que hace que la pintura de encausto pierda su forma al ser sopleteada es el exceso de trementina. Si dejamos que ésta se evapore por suficiente tiempo antes de sopletearlo, reduciremos la deformación resultante. Lo ideal es dejar secar el encausto por mínimo un mes antes de sopletearlo, para que se le evapore completamente la trementina y se endurezca. Por supuesto, una pintura de encausto delgada puede requerir menos tiempo, mientras que la gruesa siempre necesitará una cantidad de tiempo mayor.

 

 

Momia con retrato de joven sobre panel insertado, ca. A.D. 80–100. Encaustica sobre madera de tilo; Momia: 169 x 45 cm (57 1/8 x 17 3/4 in.)

 

 

 

Información sobre los componentes del encausto.

La encáustica se prepara a base de cera, solvente y resinas. La cera es el medio principal, aquel que pega los pigmentos a la superficie del soporte. El solvente adelgaza la cera y a su vez le permite fundirse con las resinas. Por último, las resinas son las que le dan dureza a la cera y le permiten consolidarse después de secar.

La cera por sí misma es un material que no seca. Si realizamos un cuadro con pura cera y lo colocamos en un lugar muy cálido, éste va a escurrir. Esto ocurrirá así pasen 10, 20 o 100 años; incluso más, puesto que la cera tarda muchísimo tiempo en petrificarse. Por eso son esenciales las resinas para realizar encausto, puesto que éstas le darán la dureza necesaria y capacidad de pegado que requiere. Es importante que las resinas empleadas para realizar la encáustica sean las correctas. Resinas muy débiles no le darán la dureza suficiente, trayendo a la larga problemas a las capas de pintura. Las resinas que empleaba Diego Rivera para realizar su encausto eran resina Damar y copal de pino mexicano. Hasta la fecha, estos componentes siguen siendo las resinas ideales para prepararlo.

Otros aspectos de suma importancia para la preparación de encausto son la condición de la cera y el tipo de solvente. El tipo de cera ideal para encausto debe estar completamente libre de miel y no debe tener mezclada ni la mínima cantidad de parafina. La miel no permitirá que seque nunca y la parafina hará que se craquele fácilmente, implicando problemas para lo que se pinte con cualquiera de las dos. Por otra parte, el solvente debe ser de origen orgánico; idealmente, trementina. Los solventes derivados del petróleo traerán a la cera condiciones similares a las que le da la parafina, reduciendo su flexibilidad y, por lo tanto, su tiempo de vida.

Siempre es importante considerar las características de los componentes del encausto a la hora de estarlo trabajando. Si lo piensan, lo que este texto ha intentado mostrar es que muchos de los aspectos técnicos a considerar a la hora de trabajar con este material son sólo cuestiones lógicas, relacionadas con las características de sus componentes.

 

 

 

 

Consejos prácticos para pintar paisaje

septiembre 12, 2017

La pintura de paisajes es la representación pictórico-artística del paisaje. Tradicionalmente comprende escenarios de la naturaleza, ya sea que incluya árboles y otras plantas, valles, montañas, lagos, mares o ríos, entre otras cosas. Puede también incluir ciudades y poblados, o elementos de los mismos. Incluso puede situarse completamente en el centro de una población.

En muchos sentidos, la pintura de paisaje es una actividad artesanal y, en otros muchos, es una actividad intelectual. En este tipo de pintura están implícitos muchos aspectos culturales, ideológicos, estilísticos, narrativos, e incluso filosóficos y conceptuales. Sin embargo, los aspectos intelectuales de la pintura de paisaje no sólo se limitan a los mencionados. En realidad, el mismo acto de pintar paisaje es una actividad intelectualmente compleja. Pintar un muy buen paisaje requiere también un profundo análisis del aspecto óptico de lo que implica ver un paisaje: hace falta reflexionar sobre cómo actúa la luz físicamente sobre éste y pensar cómo emplear los materiales de pintura para representarlo.

 

Ivan Shishkin, Дождь в дубовом лесу (Lluvia en un bosque de robles), óleo sobre tela, 124 x 204 cm, 1891.

¿Qué vemos cuando vemos una pintura de paisaje?

Hay varias formas específicas de representar la pintura de paisaje, según cada tradición pictórica. En occidente, el paisaje se produce generalmente en formatos “apaisajados” horizontales. Por lo general, muestran el cielo y contienen una línea de horizonte. Normalmente se retrata el clima como parte integral del paisaje, siendo éste un elemento más de las fuerzas de la naturaleza.

Sin embargo, existen otras tradiciones en las que el paisaje es abordado de forma distinta, como en la pintura china, por ejemplo. Para los chinos existen muchos otros formatos en los que se aborda el paisaje, a parte de los horizontales. Y no sólo eso, pues las propias vistas de los paisajes pueden variar en la representación, independientemente del formato. Algunos de sus paisajes son sumamente sintéticos, otros son muy complejos e intrincados, y la forma en que se leen varía tradicionalmente según cada formato.

La manera de abordar su representación también es distinta a la del occidente. Los artistas occidentales apostaron durante siglos por la mimesis fiel y figurativa a la hora de representar paisajes. Hubo momentos como el romanticismo, donde los pintores sumaron la expresión de su estado anímico interno empleando este género de pintura. También hicieron uso de éste para hablar de temas filosóficos, particularmente para reflexionar sobre el hombre en relación con la grandeza de la naturaleza.

Los pintores chinos, por otra parte, estaban más interesados en atrapar la esencia del paisaje que en la mimesis o en usar el paisaje como pretexto para hablar de la psique. Algunos pintores influenciados por el taoismo contemplaban paisajes por largas temporadas, los caminaban y vivían, hasta que -en determinado momento- los pintaban. Estas pinturas eran muchas veces realizadas de memoria, según lo que había sido observado durante períodos largos de tiempo, intentando transmitir su esencia y no su aspecto superficial.

 

Hasegawa Tōhaku, Pine Trees (Pinos), tinta sobre papel, díptico, cada panel 156.8 × 356 cm, h. 1580.

 

¿Qué vemos cuando vemos un paisaje?

La complejidad de la pintura de paisaje no sólo es cultural o filosófica. En términos prácticos, la pintura de paisaje posee un alto grado de dificultad. No sólo basta con producir la sensación de distancia dentro del paisaje, sino que también es necesario hacer que se sienta el clima y manifestar la temperatura del ambiente por medio del color. A esto se suman los problemas comunes de la pintura figurativa, el claroscuro, el uso del color, el uso del material y la paleta, entre otros detalles.

Para resolver algunos de estos problemas que nos presenta la pintura de paisaje, debemos cuestionarnos qué vemos cuando vemos un paisaje. Hace falta preguntarse qué ven nuestros ojos cuando ven un paisaje y cómo entra en ellos la luz al ver un paisaje. ¿Cómo viaja la luz físicamente dentro del paisaje? ¿Qué elementos componen un paisaje?, y así sucesivamente.

 

Jan van Eyck, Baptism in the river Jordan (Bautismo en el río Jordán), h. 1425. Museo Civico d’Arte Antica en Turin.

 

Elementos que componen un paisaje

Como se mencionó al principio, un paisaje se conforma generalmente por árboles, valles, montañas, lagos, mares, ríos, etcétera. Sin embargo, hay un elemento que juega un papel esencial en la forma en la que vemos un paisaje y que no viene tan fácilmente a nuestra mente. Este elemento es la atmósfera, que incluye los gases, las partículas de polvo y la humedad o la falta de humedad; todo lo que se encuentran alrededor de cualquier elemento sólido de un paisaje.

Cuando vemos un paisaje, hay un filtro enorme entre cada objeto en el paisaje y nosotros. Este filtro es la atmósfera, que puede ser sumamente densa en lugares con mucha humedad o contaminación, o muy delgada y casi invisible, como en algunos desiertos o en regiones muy altas, como Tíbet.

La atmósfera interactúa con el paisaje de dos formas:

  • Interfiriendo en el tránsito de la luz entre los objetos y nuestros ojos.
  • Enfriándose o calentándose, tiñéndose visiblemente de color, y con ello tiñendo el paisaje.

 

Caspar David Friedrich, Morgen im Riesengebirge (Mañana en el Riesengebirge), óleo sobre tela, 108 x 170 cm, entre 1810 y 1811.

 

La atmósfera como filtro

Para entender cómo interactúa la atmósfera con el paisaje, conviene pensarla en términos no pictóricos. Lo primero que debemos entender es que se trata de una capa densa de gases que impide (o permite) el paso de la luz desde los objetos hasta nuestros ojos.

Primero, la luz golpea en un objeto, para de ahí atravesar cierta distancia atmosférica con cierta densidad de gases para, por último, llegar a nuestros ojos. Si la distancia que viajó la luz es muy larga, por lo general deberá traspasar mayor cantidad de atmósfera. Si, en cambio, la distancia que debe cruzar la luz es corta, normalmente deberá atravesar una menor cantidad de atmósfera. Si atravesó mucha densidad de atmósfera, entonces será poca la luz que llegará a nuestros ojos de detrás de dicha densidad. Si atravesó poca densidad, será mucha la luz que llegará desde atrás de esa atmósfera delgada.

Esto quiere decir que en lugares con poca densidad atmosférica, el color será muy vibrante y no habrá grandes variaciones tonales asociadas con la distancia. Por otra parte, en lugares con atmósfera muy densa, como en lugares de mucha humedad o en distancias amplias, habrá una amplia variación tonal asociada con la atmósfera.

El punto a recordar es que a mayor densidad de atmósfera atraviese la luz desde el objeto hasta llegar a nuestros ojos, ya sea por densidad acumulada por la distancia, o por densidad en la atmósfera de un lugar específico, será menos la luz que llegará a nuestros ojos.

 

William Turner, The Iron Forges of Quint (La forja de hierro de Quint), gouache, pluma, tinta y acuarela sobre papel, 13.9 x 19.1 cm, h. 1839. http://www.tate.org.uk/art/work/D24823

 

Implicaciones al ver y al pintar

Para volver visibles las implicaciones que esto tiene en la forma en que vemos un paisaje, pondré ejemplos visuales. Lo que ocurre es que a más atmósfera hay entre un objeto y nosotros, menos luz llega hasta nuestros ojos. Las implicaciones que esto tiene es que entonces los colores que vemos a la distancia son más fríos, porque literalmente llega menos luz (y así, menos calor) a nuestros ojos.

Aclaración: Naturalmente, la explicación científica de por qué el color cambia en la distancia es más compleja que lo que aquí escribiré. Por practicidad me enfocaré en sólo tocar el tema de tal forma que sea comprensible y útil para pintar.

 

En los paisajes anteriores vemos cómo la atmósfera enfría el color. En el primer ejemplo, vemos una distancia amplia en la que el color verde del follaje cambia poco a poco de temperatura. Primero el verde amarillento se vuelve verde azuloso, para finalmente volverse completamente azules. Al mismo tiempo, vemos cómo estos colores se van agrisando o se cortan, perdiendo brillantez; a la vez, se blanquean, volviéndose lechosos.

En el segundo paisaje vemos una distancia mucho menor, pero con un efecto similar. En este ejemplo podemos asumir que la densidad de la atmósfera es mayor y que al parecer hay una gran cantidad de humedad en ese sitio. Esto hace que los colores del lugar a los pocos metros se acarminen y amoraten, lográndose un efecto similar al de la imagen previa en un espacio reducido.

El hecho de que el color cambie debido a la atmósfera en espacios físicos de diferentes amplitudes, produce una sensación diferente en la imagen. Nos remite a un clima distinto y a una circunstancia diferente, que nuestro inconsciente reconoce y que puede ser aprovechada en la pintura.

Hay muchos paisajes en los que esto puede ser experimentado fácilmente. Las dos imágenes que puse las escogí por lo fácil que es percibir en ellas esta circunstancia, mas puede reconocerse en todo tipo de paisajes.

 

 

¿Cómo se traduce esto a pintura?

Hay muchos pintores que han analizado, descubierto, redescubierto y empleado estos conocimientos en sus pinturas. Los pintores impresionistas, en particular, fueron grandes estudiosos del color, la luz y el paisaje, puesto que tuvieron el privilegio de trabajar en una época en que la teoría científica del color ya existía, mientras que, a la vez, los conocimientos de la pintura antigua perduraban.

No obstante, lo cierto es que este tipo de observaciones fue realizada por artistas de épocas mucho anteriores, incluso de épocas medievales. Ya se había reflexionado sobre cómo los elementos de la naturaleza interactúan entre sí con la atmósfera, transformando el matiz de su colorido, la definición de sus formas, las tonalidades de gris que estos tienen y la blancura que se puede percibir en ellos. Este conocimiento ha sido una herramienta de la que han sacado provecho grandes pintores de muchas épocas y, si bien es cierto que dominarlo puede implicar un alto grado de dificultad, es un magnifica adición a la paleta de recursos de un pintor.

 

Themistokles von Eckenbrecher,Vista de Lærdalsøyri en el Fiordo de Sogn, óleo sobre tela, 1901.

 

Joachim Patinir, Landscape with Charon Crossing the Styx (Caronte cruzando la laguna Estigia), óleo sobre tabla, 64 × 103 cm, 1515–1524.

 

Claude Monet, Bras de Seine près de Giverny (Brazo del Sena cerca de Giverny), óleo sobre tela, 81.6 x 93 cm, 1897.

 

 

 

La técnica de pintura a la caseína

septiembre 4, 2017

La caseína es una proteína que se extrae de la leche y que además es uno de los primeros medios utilizados por la humanidad para pintar. Este medio se ha popularizado recientemente por dos razones: por un lado, es más amigable con el medio ambiente que los acrilatos, mientras que además es menos dañino para nuestra salud que el óleo. En cualquier caso es un gran beneficio que no requiera el uso de solventes tóxicos.

Los resultados pictóricos que pueden obtenerse con la caseína generalmente son similares a la pintura de acuarela. Sin embargo, también tiene posibilidades únicas que no pueden ser logradas con ningún otro medio.

 

Andy Warhol, Coca-Cola, caseína y crayón sobre lino, 176.5 x 132.7 cm, 1961.

 

Características de la técnica de caseína

La caseína es un pegamento sumamente poderoso, por lo que basta una mínima cantidad de la misma para pegar grandes cantidades de pigmento sobre una superficie. Es un pegamento tan fuerte que preferentemente debe ser aplicado sobre paneles de madera o sobre muro. Claro que también puede ser empleada sobre tela o papel, siempre y cuando éstos hayan sido montados sobre panel. Si esta proteína se aplica en cantidad excesiva sobre una tela tensada en bastidor blando, con los años se volverá tan rígida que rajará la tela sobre la que fue aplicada.

La pintura en técnica de caseína usa agua como solvente. El hecho de que se requiera en cantidad tan pequeña para pegar grandes cantidades de pigmento, implica que puede usarse en forma sumamente acuosa. Los resultados que pueden lograrse con ésta pueden ser de tipo acuarela, de bistre o de tintas, aunque su apariencia es ligeramente distinta. La pintura a la caseína tiene una apariencia sumamente mate, tanto así que casi aparenta ser exclusivamente pigmento pegado sobre una superficie, sin medio alguno. Lo que es más, sus características permiten hacer cosas imposibles que nunca permitirían las técnicas de tinta o acuarela.

Un buen ejemplo de estas otras posibilidades que nos ofrece la pintura de caseína, son las pinturas de puro pigmento que realizó en azul el artista francés Yves Klein (1928 – 1962). La caseína, al ser un aglutinante tan fuerte, nos da la posibilidad de fijar enormes cantidades de pigmento sobre soportes, logrando que el pigmento aparente no haber sido pegado con nada. La forma de conseguir este resultado es espolvorear pigmento sobre una superficie, rociarlo con caseína, esperar a que seque, poner más pigmento y repetir el proceso tantas veces como sea necesario, hasta conseguir el resultado deseado. La apariencia final de las pinturas será similar a pigmento puro sin medio, descansando sobre una superficie. Se obtiene una apariencia similar al terciopelo, capaz de jugar con la luz de formas sumamente interesantes y con la peculiaridad de permitir al pigmento una brillantez que no proporciona ningún otro aglutinante.

 

Yves Klein, Rélief éponge bleu (RE 51) [Relieve esponja azul (RE 51)], pigmento seco sobre resina sintética, esponjas naturales y tabla, 103.5 x 105 x 10 cm, 1959.

Técnicas mixtas en técnica de caseína

Por sus cualidades, la caseína se presta para trabajarse en conjunto con distintos medios. En primer lugar, esta proteína es ideal para imprimar superficies que posteriormente se trabajarán en técnica de encausto. Puesto que los pigmentos que son trabajados con caseína continúan siendo sumamente absorbentes una vez secos, esto hace que esta imprimatura sea ideal para trabajar técnicas como el encausto, que requiere gran adherencia a la superficie en que se trabaja.

Esta misma característica también hace que la caseína sea ideal para trabajar con otros medios acuosos como tintas, acuarela y gouache, técnicas que por su poca adherencia tienen la misma necesidad de ser aplicadas sobre superficies absorbentes.

 

Jasper Jones, White Flag, carbón vegetal, pintura al aceite, encausto y papel prensa sobre tabla, 199 x 307 cm, 1955.

 

Una técnica mixta de caseína que fue ampliamente utilizada durante la Edad Media fue el temple de leche. Esta técnica solía usarse para ilustrar libros de pergamino. El temple es un medio que al ser graso permite un color más profundo que la caseína, pero no es un medio flexible. Esta característica hace que utilizarlo sobre superficies blandas sea imposible, puesto que todo lo pintado con él se craquela. Sin embargo, si al temple se le agrega leche, la caseína que ésta contiene permite que tenga una adherencia mayor y que lo pintado con este medio sea duradero, aún si no se trabaja sobre un soporte rígido.

Otra gran ventaja de la caseína en el temple, particularmente en el caso de la ilustración de manuscritos, es el hecho de que este medio con el tiempo se vuelve impermeable e insoluble al agua. De esta forma, aquello que es sido pintado con caseína tiene una gran durabilidad. Para la ilustración de pergaminos, esto era ideal puesto que debían mantenerse con cierta humedad para poder ser leídos, ya que de lo contrario las páginas de pergamino se volverían tan rígidas que no podrían pasarse. Si no se hubiera empleado caseína para pintar este tipo de libros, lo pintado en ellos se habría deteriorado con gran velocidad, desprendiéndose de las páginas -en el mejor de los casos-.

 

Libro de Horas de los Zúñiga.

 

La caseína como fijador

La pintura de leche no sólo es útil como medio para pintar sino que también lo es como fijador. De hecho, la pintura al pastel fue fijada durante muchas décadas con solución de caseína. La pintura al pastel de Degas, por ejemplo, fue fijada con este material. Ésta dejó de utilizarse cuando se comenzaron a emplear acrilatos, que contribuyeron en el nacimiento de los fijadores en spray. Sin embargo, lo curioso es que hoy en día ha comenzado a reutilizarse la caseína, considerando las ventajas que tiene sobre los fijadores acrílicos. Estas ventajas son:

  • No amarillea con el tiempo, a diferencia de los fijadores acrílicos.
  • Tiene un tiempo de vida mucho mayor que el fijador acrílico.
  • Se vuelve insoluble al agua y protege por mucho tiempo de la humedad a las superficies en las que fue aplicada.
  • Aunque ya haya sido fijada con caseína, la obra puede seguir siendo trabajada.
  • Mantiene la brillantez del color del pigmento más que ningún otro medio.

Todas estas cualidades la vuelven un fijador ideal, tanto para trabajos en carboncillos, en tizas o gises al pastel, entre otros. Incluso es un fijador óptimo para trabajar con puro pigmento en seco como en las obras mencionadas de Yves Klein. Particularmente, el hecho de que no amarillee y que la obra pueda seguirse trabajando -aún después de fijarla- son características que hacen que quienes usan la caseína la consideren mucho superior a los fijadores acrílicos.

 

Edgar Degas, Femme s’essuyant les pieds (Mujer secándose los pies), pastel sobre papel montado sobre tabla, 45.7 x 58 cm, h. 1953.

 

Otros usos de la caseína

Durante muchos siglos, la caseína fue empleada como pintura para casas y muebles. Por un lado, es una pintura sumamente económica ya que con poca caseína se pueden preparar grandes cantidades de pintura. Por otro lado, puesto que se vuelve impermeable con el tiempo y su durabilidad es prácticamente eterna, es un material ideal para pintar los exteriores de casas y muebles. La pintura de leche los protegerá de la humedad y necesitará mucho menor mantenimiento que la pintura acrílica, la cual debe ser reaplicada cada poco tiempo.

La pintura a la caseína para muebles y casas aún se vende hoy en día. De hecho, su venta ha ido cobrando fuerza al ser ambientalmente amigable. Normalmente se le puede encontrar por el nombre de pintura a la leche. Sin embargo, lo ideal es prepararla uno mismo, puesto que la caseína es sumamente barata y permite abatir costos enormemente.

 

Pintura de leche, productos de la empresa estadounidense RMP (Real Milk Paint Co).