Pinturas y técnicas de Zurbarán: ¿el Caravaggio español?
Las pinturas y técnicas de Zurbarán destacan porque le permitieron plasmar sobre los lienzos mucho más que objetos mundanos; el pintor se especializó no sólo en moldear a sus personajes, como si de un bajo relieve se tratara, sino también en construir al rededor de ellas atmósferas dignas de reconocerse como celestiales. Aunque su maestría es reconocida hoy en día, se llevó más de diez años en perfeccionarla hasta alcanzar un equilibrio entre dos facetas de lo humano: las luces y las sombras.
El destino de Zurbarán era convertirse en mercero, siguiendo el negocio familiar, pero fue aceptado en el taller de Pedro Díaz de Villanueva (donde se dedicó al dibujo), después de que su padre diera el visto bueno. Sevilla se convirtió en el epicentro de su quehacer artístico, pues fue testigo tanto de sus primeros pasos como de su madurez en cuanto a la pintura respecta. Ahí conoció a Pacheco, a Velázquez y a Alonso Cano; más tarde sería nombrado Maestro Pintor de la ciudad.


Aunque los dominicos fueron sus primeros mecenas, recibió encargos de monjes jerónimos, franciscanos, jesuitas, mercedarios y otros tantos; las pinturas de Zurbarán causaron revuelo entre estos círculos religiosos porque encontraron en sus obras una oportunidad para comunicar, de manera dedáctica y certera, diversas escenas bíblicas.
Desde sus primeras obras, demostró una habilidad inusitada para la pintura: Navarrete, B. (2022) identifica en estos encargos elementos naturalistas y pone en relieve la importancia que tienen las telas, las pieles y los fondos oscuros en su quehacer artístico. Su destreza fue tal que fue nombrado maestro pintor sin haber realizado el examen que, por convención, debían presentar los artistas después de tres años de haber ingresado al taller; de esta polémica, nacieron obras como La inmaculada, muy valorada entre los críticos españoles.
Además, es importante reconocer que, tras examinar a maestros como Caravaggio, el tenebrismo se convirtió en una de sus principales influencias. Este estilo pictórico ponía especial énfasis sobre las luces y las sombras, aunque las uentes lumínicas provenían, sobre todo, de una única fuente, mientras que las sombras se colaban entre las pieles de sus personajes y los pliegues de sus telas.
Si quieres conocer más detalles sobre su vida, te invitamos a leer el siguiente blog.
Influencias de Francisco de Zurbarán: su encuentro con Velázquez y otros maestros
El cuidado en las pinturas y técnicas de Zurbarán es resultado de un proceso de aprendizaje complejo, el pintor estuvo en contacto con otros grandes maestros y bebió de ese conocimiento. Guidol, J. (1965), señala algunas correspondencias pictóricas entre la obra de Velázquez y la de Francisco de Zurbarán: “las áreas de luz cremosa, y la simplificación de la forma mediante la luz y sombra” (p. 148).


Siendo aprendiz, en Sevilla, hereda las técnicas de la Escuela Sevillana de Pintura; Illán Gutiérrez, A. et al (2006) realizan un análisis exahustivo en relación con el proceso de pintura implementado por esta Escuela, explican que la mayoría de sus soportes están constituídos por "arcillas, hematites, cuarzo y micas" (p. 3). Zurbarán, concretamente, usó "vidrios molidos de plomo y potasio" (p. 4) como secativos.
En cuanto a sus colores, estos investigadores explican que: "existe una coloración que puede clasificarse de habitual en la escuela sevillana, un fondo ocre ligeramente pardo" (p. 5). Además, clasifican su paleta de pigmentos en los siguientes grupos: ocres-pardos, pardo-rojizos, pardo-verdosos y algunas preparaciones exclusivamente rojas (p. 5).
Expertos como Valdivieso y Contreras (1985) subrayan la corriente manierista imperante entre los preceptos de la Escuela Sevillana de pintura, y la manera en que Zurbarán (como hicieron sus contemporáneos) superó las técnicas establecidas por este estilo. Sitúan como precursores del artista a los pintores Francisco Varela, Juan Sánchez Cotán y Miguel de Esquivel, sobre todo, por "la seguridad de su dibujo y la solemnidad de sus pinturas" (p. 10).
Sus materiales y pigmentos
Las pinturas y técnicas de Zurbarán se tornan, pues, imprescindibles para conseguir efectos tan exquisitos como los que ostentasn sus pinturas. Además de paralelismos con el trabajo de Velázquez, su técnica guarda algunas similitudes con la de Caravaggio: ambos parten, como veremos en breve, de una preparación oscura, a partir de la que emergen y moldean los personajes de la obra.
Jan Stephan Ortmann fue el encargado de restaurar algunas pinturas de Zurbarán, Delenda, O. (2009) describe el proceso y señala que encontraron soportes hechos con mantelillo de Venecia, que también fue utilizado por artistas como El Greco. Fernández de Córdoba, M. et al (2003) explican que se trataba de un lienzo de lino, confeccionado con la técnica de tejido Sarga y que se caracterizaba por su diseño en rombos; fue muy popular durante el siglo XVI (p. 83).
Otros estudios, como el de Quiroz, F. (2018) señalan que utilizó lienzos constituídos por ligamentos de Tafetán y hechos de lino; al parecer Zurbarán trabajó con materiales costosos porque, según señala el investigador, este tipo de tejidos debían ser trasladados desde otros países hacia América (p. 89).


El color en las pinturas y técnicas de Zurbaran era un elemento fundamental. Es cierto que las imprimaturas oscuras forman parte de su sello personal, pero son sus pigmentos los que terminaban de esculpir armonía sobre la composición de sus obras: concretamente, usó albayalde, azarcón, ocres, tierras y sombras, esmalte, verde tierra, negro carbón, azul de Santo Domingo, bermellón y cardenillo (Quiroz, 2018, pp. 90-91).
No debe soprendernos descubrir que el pintor echó mano de pigmentos arcáicos; Quiróz menciona algunos, como el ancorca (el antiguo nombre para la laca amarilla), el pavonazo (un compuesto color rojo oscuro, hecho con óxido de hierro), el giallorino (amarillo de plomo y estaño) y el genolado.
Técnicas en la obra de Zurbarán: ¿Cómo retratar lo celestial?
Para comprender el impacto de las pinturas y técnicas de Zurbarán, debemos pensar en sus obras como el punto de encuentro entre dos célebres técnicas: el claroscuro y el cangiante. Advertimos el empleo de la primera técnica en sus obras graciasa a constitución de sus imprimaturas (de las que hablaremos en breve); el segundo procedimiento, por su parte, "usa combinaciones de colores o tonos para dar la ilusión de realidad
en una pintura a través del volumen" (Quiróz, 2018, p. 90).
Los objetos en las pinturas de Francisco de Zurbarán emergen de las sobras al estilo caravaggiesco, pero distan de la técnica italiana por el carácter escultórico del trazo: el artista español comenzaba con masas gruesas de pintura, sobre las que plasmaba detalles como si de un mármol labrado se trataran. Para conseguir este dominio sobre la textura en los vestidos y las armaduras de sus personajes, el artista estudió minuciosamente la naturaleza de las telas que los componían (Delenda, 2009, p. 38). Además, en contraste con Caravaggio, Zurbarán realizaba bocetos (presumiblemente hechos con rojo carmín) antes de aplicar color sobre sus obras (quiróz, 2018, p. 92).


Delenda (2009), en tanto, explica que la preparación de la pintura era obscura, casi negra, pues permitía que Zurbarán mantuviera el control sobre la precisión de sus pinceladas en función de sus intenciones; en palabras de la propia Delenda, el fondo favorecía el: “realce cromático de la materia y de los propios trazos” (p. 29).
En este sentido, sus pinceladas son más que líneas lanzadas al aire, dan la impresión de estar milimétricamente calculadas, porque a primera vista develan información como la amplitud, la suavidad o el grosor de la línea (Delenda, 2009, p. 29.); sin embargo, Zurbarán no perdió de vista el protagonismo que el "todo", en contraste con los pequeños detalles, poseía (p. 151). Hay algunas excepciones, como la colección de Las doce tribus de Israel, poseen imprimturas hechas de barro, muy populares en la España del siglo XVII. Este material debía mezclarse con losa y aceite de linaza (Quiróz, 2018, p. 90).
Guidol, J. (1965) explica que sus pinturas demuestran: “perfecta armonía entre la suavidad del tacto, la delicada gradación del tono, la luminosidad y la dulzura de la expresión” (p. 151). Esta loable descripción establece entre líneas que la magia en el pincel de Zurbarán viene dada por su capacidad de construir atmósferas celestiales, cimentadas no en los temas que le encomendaron, sino en un conjunto de elementos tales como la ropa, el escenario, las expresiones de sus personajes y la aplicación tanto de veladuras como de pigmentos "suaves", que se entretejen como formando un tejido palpable de serenidad.


Parece ser que Francisco, como otros artistas, recibió el apoyo de sus aprendices; examinando La partida de San Pedro Nolasco (1628-1629), Delenda (2009) sugiere que los personajes secundarios de la escena fueron pintados por ayudantes y no por Zurbarán (p. 31); señala, además, la presencia de un obrador, quien apoyó al pintor español desde la fundación de su taller. Sin embargo, Guidol, J. (1965) señala que la intervención de estos asistentes es mucho menos evidente en la obra del pintor que en la de muchos de sus contemporáneos (p. 151).
El estilo de Zurbarán
Las organizaciones eclesiásticas quedaron impresionadas con las pinturas y técnicas de Zurbarán; pronto, se convirtió en uno de los favoritos para retratar escenas bíblicas y solemnes; sólo él sabía dar luz a la Virgen y suavidad al rostro del infante Jesús. Algunos críticos lo sitúan como el mejor intérprete de la pintura religiosa en los Siglos de oro.


Guidol, J. (1965), explica que era “predominantemente geométrico, sencillamente modelado, pero difuso por las transparencias sutiles” (p. 148). El pintor estableció rigurosos parámetros de composición pictórica, probablemente influido y motivado por su labor como artista encomendado a diversas organizaciones eclesiásticas.
Aunque la obra de Francisco de Zurbarán es extensa, la serie de San Pedro Nolasco fue uno de sus proyectos más reconocidos y también más ambiciosos. Estas pinturas fueron encargadas por la Merced Calzada, a propósito de la canonización de su fundador (el propio Pedro Nolasco); en total, el pintor español entregó veintidós lienzos a cambio de 16,500 reales (Delenda, 2012, p. 19).
Su estilo es, pues, una suerte de sincretismo entre dos posturas distintas: la visceralidad caravaggiesca y la celestialidad que deviene del cangiante. Francisco de Zurbarán encontró el modo de sintetizar las sombras y las luces inherentes al ser humano, estableciendo armonía entre estos polos y enmarcándolos con pinceladas certeras, pero no tan comprometidas como las de otros.
Las escenas religiosas no son las únicas por las que fue reconocido: hoy en día, sus bodegones gozan de renombre entre los críticos de arte más algidos. Estas composiciones develan un espíritu tenebrista muy enraizado, parece que los objetos mundanos le permitieron dar rienda suelta a sus sombras, sin contrarrestarlas con pigmentos "dulces", como exigían los retablos del arte sacro. El carácter anecdótico toma relevancia en este tipo de pinturas, aquí el color está subyugado al dominio de las sombras.
Navarro, B. (2022) destaca otra técnica interesante: Zurbarán realizó contadas pinturas de temas mitológicos: para construirlas, se basó en estampas. Propuso una concepción del cuerpo particular, semejante a las del manierismo, las proporciones distaban de ser tan cuidadosas como aquellas que reservaba para los cuadros más solemnes.
Es cierto que las pinturas y técnicas de Zurbarán fueron semejantes a las de Caravaggio, pero la diferencia más aguda entre estos dos grandes era que mientras Michelangelo de Merisi buscaba la credibilidad de sus escenas mediante la perversión de santos y el retrato de las imperfecciones humanas, Francisco de Zurbarán construyó atmósferas celestiales con una maestría poco antes vista: aprovechó la sensibilidad que las pinceladas, los detalles y otras técnicas le permitían imprimir sobre el lienzo para evocar una experiencia sensorial sobre el espectador. En palabras de Guidol, J. (1965): “el suyo es un mundo espiritual, más que material” (p. 151).
Navarrete, B. (2022) identifica, además, un aspecto crucial: en comparación con las figuras dolientes y desmembradas de Caravaggio, Zurbarán se reserva el derecho de enmarcar elementos brutales o cruentos, a pesar de que muchas de sus pinturas tienen como protagonistas a mártires.


Explorar las pinturas y técnicas de Zurbarán nos convierte en testigos de un proceso de evolución artística inusitado: el pintor fe criticado en múltiples ocasiones, sobre todo, por el descuido de la perspectiva en sus obras; "defectos" como éste son, efectivamente, comprobables en sus primeras pinturas. Sin embargo, el pintor nunca se rindió y nos demostró, con sus póstumas obras maestras, que era capaz de perfeccionar su técnica no solo en relación con esos fallos, sino, también, con objetos que ya en su juventud había dominado, como las telas, o las expresiones faciales.
Las pinturas y técnicas de Zurbarán nos demuestran, una vez más, que no es suficiente con poseer talento para el dibujo: debemos perfeccionar nuestros procedimientos, entender la naturaleza de los objetos que plasmamos y, sobre todo, tener en mente que la belleza en las obras maestras recae no sólo sobre el mensaje que intentan transmitir, sino también en la calidad de los materiales y la composición física de las capas de pintura que las integran.
Si quieres perfeccionar tu técnica, te invitamos a incribirte a cualquiera de nuestros cursos, no te decepcionarán.


