Monet: los usos y ventajas del negro cromático

julio 10, 2018

Se sabe que el pintor impresionista Claude Monet alguna vez mencionó en sus cartas que el pigmento color negro no debería ser utilizado en la pintura, particularmente al pintar sombras. A pesar de que este comentario de Monet fue hecho ya hace más de un siglo, para algunos pintores aún hoy en día el uso del pigmento negro es prácticamente tabú. Sin embargo, no todos los negros son iguales. Existe un tipo de negros conocidos como negros cromáticos, los cuales se consiguen con distintas mezclas de pigmentos. Estos negros sí fueron ampliamente usados por Monet en su pintura.

Los negros cromáticos tienen varias cualidades valiosas. Puesto que funcionan de forma muy diferente a los colores negros de un solo pigmento, si se juntan con el uso eficiente de la teoría del color son una adición fenomenal a la paleta de cualquier pintor. Aquí hablaremos sobre este tipo de negros y sobre sus distintas formas de obtención y diferentes usos.

 

Claude Monet, Meule (Molino), óleo sobre tela, 72.7 x 92.1 cm, 1891.

 

El color negro en la historia de la pintura

Durante muchos siglos los pigmentos negros eran de los elementos más importantes de la paleta de los artistas. A falta de pigmentos azules y verdes de fácil acceso, los distintos negros permitían producir muchos colores que no se tenían a la mano.

Los negros eran particularmente importantes a la hora de producir unos colores de apariencia verdosa, conocidos como verdaquios. Recordemos que antes de la revolución industrial los pigmentos verdes eran rarísimos. Sin embargo, si observamos cuadros del barroco y de épocas previas, encontraremos varios colores de apariencia verdosa terrosa. Algunos de estos pigmentos eran tierras verdes, como la famosa tierra verde de Verona, pero la realidad es que la mayoría de estos pigmentos verdosos eran mezclas de pigmentos amarillos óxidos, sienas y ocres con pigmentos negros. El resultado de estas mezclas eran tonos conocidos como verdaquios, mismos que tenían una enorme importancia en la paleta de los pintores de la época.

Con el tiempo, la industria de los pigmentos evolucionó y fueron descubiertos nuevos pigmentos verdes, más fáciles de conseguir que el verde malaquita, el polvo de esmeralda molido y otros.

 

Claude Monet, Nymphéas (Waterlilies) [Ninfas (Lirios acuáticos)], óleo sobre tela, 1914-15.

El negro cromático en la historia de la pintura moderna

Si bien el uso de pigmentos negros era algo importantísimo en épocas previas, el uso del color negro fue satanizado por varios pintores del siglo XX y continúa siendo rechazado por muchos el día de hoy.

Como ya se mencionó, este menosprecio al negro es atribuido por muchos a Monet, quien en sus cartas llegó a mencionar que el pigmento negro no debía ser empleado nunca para pintar sombras en cuadros. De esta afirmación muchos pintores concluyeron que el pigmento negro no debía ser empleado en la pintura en absoluto.

La realidad es que estudios recientes de los cuadros de Monet han demostrado que el sí utilizaba pigmentos negros en sus cuadros. Lo que no hacía era utilizarlos en la representación de sombras. En dichos sitios lo que hacia era emplear distintos negros cromáticos, los cuales eran para él un elemento clave de su estilo de pintura.

 

Claude Monet, Nymphéas bleus (Lirios acuáticos azules), óleo sobre tela, 200 x 200 cm, 1916 – 1919.

 

El negro cromático y sus ventajas

Los negros cromáticos son negros conseguidos mediante la mezcla de distintos colores. Se pueden conseguir de la mezcla de dos colores exactamente complementarios o casi perfectamente complementarios, o también de la mezcla de tres o más pigmentos que sumen la totalidad de sus matices resultando en un negro.

Los negros cromáticos tienen varias cualidades interesantes, algunas de las cuales tienen que ver con aspectos matéricos de los pigmentos con los que se producen y otras con efectos cromáticos que se dan en las mezclas.

 

Claude Monet, Sauce llorón, óleo sobre tela, 1922. 

 

Mezclas de negros cromáticos

Cuando nosotros mezclamos dos colores en pintura, cualesquiera que sean, en apariencia surge un tercer color. Sin embargo, si pudiéramos ver las mezclas de nuestras pinturas a nivel de sus partículas, veríamos que el tercer color es en realidad una ilusión producida al intercalarse partículas de un pigmento con las de otro. En realidad los pigmentos que mezclamos nunca se terminan de unificar. Pero aunque sus partículas continuarán estando separadas unas de otras, al estar revueltas y ser diminutas para nuestros ojos surge un tercer color de la mezcla de las mismas.

Sin embargo, pese a que conscientemente no lo notemos con precisión, nuestra mente continúa percibiendo inconscientemente la mezcla de los distintos pigmentos individuales, aún en el tercer color producido. A esto le llamaremos riqueza cromática, que es la que vuelve tan interesantes los negros cromáticos, así como a otras mezclas de pigmentos.

 

Claude Monet, Sauce llorón, óleo sobre tela,1921-22. Museo Marmottan, París. 

 

Riqueza cromática

En los negros cromáticos se perciben ciertas cualidades de los pigmentos de los cuales deriva dicho color. Algunos incluso parecieran vibrar con matices ligeramente perceptibles que les dan una riqueza impresionante.

Es esta cualidad de dichos colores la que los vuelve tan valiosos en la paleta de todo pintor y lo que los hacia particularmente importantes en la paleta de Monet.

 

Claude Monet, Sauce llorón, óleo sobre tela, 110 x 100 cm, 1920-1922.

 

El negro cromático favorito de Monet

En algún momento, Monet escribió que por fin había descubierto el color de la sombra, que para él era el violeta. Lo curioso, aunque comprensible, es que su negro cromático favorito daba precisamente un tono de negro violeta.

Dicho negro cromático lo conseguía de la mezcla de dos colores: verde viridian y laca de granza o, en su defecto, verde viridian y carmín de alizarina (alizarin crimson). El resultado es un negro de gran riqueza cromática y profundidad, que por la gran transparencia de ambos pigmentos usados pareciera tragarse la luz, a la vez que tiene un cierto tinte amoratado que vuelve su matiz cálido y frío por igual, casi a la vez.

Para mí lo más interesante de este negro no tiene que ver sólo con la mezcla de sus colores, sino con las cualidades de sus pigmentos. De hecho, este punto es lo más importante a considerar a la hora de mezclar negros cromáticos. Más adelante profundizaremos en esta cuestión.

 

Claude Monet, Nymphéas, reflets de saule (Ninfas, reflejos de sauce), óleo sobre tela, 131 x 155 cm, 1916-19.

 

Mezclas comunes para conseguir negros cromáticos

Otras mezclas comunes de sólo dos colores con las que se consiguen negros cromáticos casi exactos son:

  • Verde ftalo y carmín de alizarina.
  • Verde ftalo esmeralda y rosa quinacrodina.
  • Azul ultramar y burnt umber.
  • Azul ultramar y burnt sienna.

Claro que las mezclas de negros cromáticos no pueden ser reducidas exclusivamente a estas. Existen muchas otras que también producen negros cromáticos.

En principio, toda mezcla de dos pigmentos que se encuentren exactamente en polos opuestos del círculo cromático deberían producir un negro cromático, al menos en teoría. La realidad es que esto no ocurre del todo así, lo cual también se explica por las cualidades moleculares de los diversos pigmentos que se vean implicados en una mezcla. Esto último es importante que se considere al producir negros cromáticos.

 

 Claude Monet, Water Lilies (Lirios acuáticos), óleo sobre tela, s. XX – XIX.

 

Hay mezclas que no producen negros cromáticos

Por la diferencia molecular de los distintos pigmentos, hay mezclas que no producen negros cromáticos. Una de estas mezclas es la de azul ftalo y rojo cadmio medio. Si lo analizamos detenidamente, estos dos colores se encuentran exactamente en polos opuestos del círculo cromático, por lo que la unión de ambos se neutraliza. Sin embargo, puesto que uno de ellos es de molécula muy delgada y otro de molécula muy gruesa, para los ojos ambos pigmentos nunca terminan de combinarse. La mezcla de ambos siempre aparenta ser una especie de gris azuloso y rojizo, que por más que mezclemos no se termina de neutralizar.

Lo mismo ocurre con otras mezclas, inclusive en mezclas de tres pigmentos primarios casi exactos. Un ejemplo es la mezcla de carmín alemán, azul ftalo y amarillo cadmio limón. En esta mezcla el resultado al intentar producir un negro cromático será un tono grisáceo, con ligero tinte verdoso en masa y con apariencia un tanto amoratada en veladura.

La forma de solucionar esto es emplear juntos, ya sea pigmentos de moléculas gruesas o pigmentos de moléculas delgadas. O bien (y quizá más interesante) explorar los resultados de diversas mezclas, independientemente de su grosor molecular. Puesto que la riqueza cromática es, de hecho, lo que se busca muchas veces en un negro cromático (al menos a la manera en que Monet los empleaba), ¿qué mayor riqueza cromática que la que se logra de la mezcla de colores que el ojo simplemente no termina por percibir como juntos, sino que siempre los considera separados? Aunque es importante recalcar que no todas las mezclas de este tipo son particularmente atractivas visualmente, por lo que es importante explorarlas y experimentar directamente sus resultados.

 

Claude Monet, Haystacks (Pajares), óleo sobre tela, 1888-89.

 

Ventajas del negro cromático sobre otros negros al realizar mezclas

Es importante tomar en cuenta que los negros cromáticos hechos con pigmentos de grosores no completamente compatibles no son tan útiles para una de las funciones inherentes a los negros cromáticos, que son precisamente por las que muchos pintores los valoran. Esta función es la de emplear dichos negros para realizar mezclas con otros pigmentos.

Cuando se dice que el pigmento negro o el color negro no debe ser empleado en la pintura, normalmente se dice porque los pigmentos negros mal empleados generan una cierta monotonía en los cuadros. Recordemos que todo pigmento negro tiene, en realidad, una tendencia tonal hacia un matiz. Algunos negros tienen tendencia al azul, otros al amarillo, rojo, etcétera. Si empleamos pigmentos negros sin considerar el matiz al que tienden, obtendremos como resultado pinturas cromaticamente monótonas. En oposición, si en lugar de color negro utilizamos las reglas de complementarios para agrisar, cortar o quebrar nuestros colores, conseguiremos una paleta con una riqueza cromática alta.

Lo interesante de los negros cromáticos es que al estar hechos de la mezcla de distintos colores, producirán un resultado cercano al que producen las mezclas de pigmentos realizadas con colores complementarios. Es por esto que son una magnífica adición a la paleta de cualquier artista, no sólo como colores para ser aplicados directamente sobre el cuadro, sino también como colores que sirvan de punto de partida para realizar otras mezclas junto con ellos. Puesto que un negro cromático contiene colores de distintos grosores, capacidades tintantes, etcétera, reaccionará de formas diversas con otros pigmentos, reaccionando como un punto intermedio entre un color complementario y un pigmento negro puro.

 

Claude Monet, Lirios acuáticos (mitad derecha), 1917 – 1920. Museo Marmottan.

 

Para finalizar

Podría hablar mucho más de negros cromáticos, pero pienso que lo ideal sería complementar este texto con otros textos que he escrito previamente. A continuación algunos links para enriquecer todo lo antes mencionado:

Consejos respecto al uso de distintos pigmentos negros

Consejos para controlar el color negro

Consejos para mezclar grises, medios tonos y sombras con precisión

Consejos para dominar los colores, no sólo como matices, sino como pigmentos

Colores en masa y en veladura

Consejos para controlar el color negro en la pintura

julio 2, 2018

El pintor abstracto Mark Bradford dice que el color negro es el color más difícil de trabajar en la pintura, dice que el color negro te puede hacer fallar. Y en efecto, no es fácil trabajar con el color negro, particularmente por la forma en que estamos acostumbrados a pensar dicho color. Generalmente vemos el color negro como un color independiente de todos los demás matices, o como un matiz en sí mismo y, en efecto, conceptualmente lo es.

Sin embargo, el color negro en cuanto a pigmentos y pinturas nunca es sólo negro, pues siempre tiene tendencia hacia algún otro matiz (rojo, azul, verde, amarillo, etcétera). Entender el color negro, no como meramente negro sino como muchos colores diferentes, nos ayuda a integrarlo dentro de una lógica más amplia en nuestra pintura, lo que puede ser de enorme ayuda a la hora de trabajar con él.

 

Johan Christian Dahl, View of Dresden by Moonlight (Vista de Dresden bajo luz de la luna), óleo sobre tela, 78 x 130 cm, 1839.  

 

El color negro en física

En términos de color luz, el negro es la ausencia de luz. Por tanto, puesto que nuestros ojos dependen de la luz para ver, el color negro aparece cuando nuestros ojos no tienen la capacidad de ver.

Como todos sabemos, el espectro de luz visible para el ser humano va desde la luz ultravioleta hasta los rayos infrarrojos. A partir del ultravioleta, el ser humano ve únicamente luz blanca. De igual manera, más allá de los rayos de luz roja, vemos exclusivamente obscuridad o, más bien, no vemos.

En resumen, esto quiere decir que más allá de ambos extremos del espectro de color luz humanamente visible, somos ciegos. Uno por extrema obscuridad y el otro por extrema luminosidad.

 

Espectro visible

 

El negro en química

Sin embargo, en términos de color químico, el color negro no es del todo la ausencia de luz. La pintura negra, así como todo tipo de objetos negros, son negros por los rayos luminosos que refractan y aquellos que absorben. Un objeto amarillo refracta los rayos amarillos y los demás los absorse, un objeto rojo refracta los rayos rojos, absorbiendo los demás y un objeto morado refracta los rayos azules y rojos. De igual manera, un objeto blanco refracta todos los rayos, mientras que, por último, un objeto negro absorbe todos los rayos y  refracta algunos sólo mínimamente.

De hecho, el pigmento negro actualmente conocido que es más negro que todos los demás, absorbe todos los rayos luminosos sin refractar casi nada. Este negro es conocido como vantablack y es un pigmento negro que originalmente se creó para uso militar (si no mal recuerdo). Muchos artistas han experimentado con él hasta que hace no mucho fue comprado y patentado para uso exclusivo del artista Anish Kapoor. Mirar de frente el vantablack es literalmente como mirar al vacío, puesto que no refracta casi nada de luz.

 

Anish Kapoor, Cloud Gate (Ventablack), 2006. 

 

Otros colores negros

A menos que estemos utilizando vantablack en nuestra pintura, todos los demás pigmentos negros refractarán en distintas proporciones algunos rayos luminosos. Esto quiere decir que los negros con que pintamos nunca son completamente negros. Existen negros con tendencias amarillentas, como también existen algunos negros óxido o negros de tendencias azulosas como el ivory black.

Por esta razón el negro no puede ser tratado en la pintura como si fuera exclusivamente negro, puesto que aunque nuestros ojos no reconozcan conscientemente el matiz hacia el cual tiende el negro que estamos utilizando, nuestro cerebro lo siente.

 

 

Las tendencias irracionales que el color negro produce

Un ex-alumno que hace fotografía de publicidad alguna vez nos comentó como se hacen pruebas con fotografías en blanco y negro para las campañas publicitarias. Nos dijo que de una misma foto en blanco y negro se hacían muchas versiones diferentes. Una tendría una ligera tendencia hacia el azul, otra hacia el amarillo, otra hacia el rojo, otra hacia el naranja, etcétera. Luego se mostraban las imágenes con distintas tendencias de matiz a muchas personas diferentes y se les pedía que describieran la emoción o mensaje que dichas imágenes les transmitían, con el resultado que, dependiendo del ligero cambio tonal de los valores de negros y grises en las imágenes, las descripciones eran distintas.

Generalmente, las imágenes con ligera tonalidad roja, aunque esta tendencia fuera imperceptible conscientemente, eran percibidas como más pasionales. De igual manera, las otras imágenes con tendencias de colores diversas solían ser percibidas inconscientemente de cierto modo en relación a cuál matiz tendían los valores de negro y gris.

Es importante recalcar que la fotografía que veían las personas era siempre la misma, lo que cambiaba era el matiz dentro de las tintas negras y grises con las que la imagen se imprimía. Pese a esto, las imágenes seguían siendo percibidas por la gente que las observaba como simplemente blanco y negro. En ningún momento parecían ser de color, puesto que los cambios de matiz en las mismas eran mínimos, pero aún así la respuesta inconsciente del grupo de control seguía variando según la tendencia de las imágenes.

 

Joseph Mallord William Turner, Moonlight, a study at Millbank (Luz de luna, estudio en Millbank), óleo sobre madera, 31.4 x 40.3 cm, 1796.

 

Distintos valores de negro en la pintura

Nuestras respuestas inconscientes a los diversos tonos de negro son parte importante de lo que puede volver tan difícil trabajar el color negro en la pintura. Puesto que el color negro siempre tiene tendencia hacia un color u otro, el cerebro lo percibe inconscientemente como tal, es decir, como un color, una temperatura.

En pintura, particularmente en pintura figurativa, siempre debemos recordar que todo lo que vemos lo vemos gracias a la luz. Todos los colores que vemos dependen de la luz del ambiente en la que los estamos viendo. Un mismo color bajo una luz muy intensa se verá de un matiz más cálido, mientras que en una luz baja se verá de un matiz más frío. Esto ocurre porque la luz es siempre igual a calor, por lo que más luz o luz más intensa calienta los colores de los objetos que vemos, explicando que la luz más tenue nos hace percibir como más fríos los colores de los objetos que vemos.

A menor cantidad de luz, más frío será el matiz de los colores de los objetos que vemos. Poco a poco bajarán de temperatura hasta volverse completamente negros. Sin embargo, estos negros no serán negros a secas, sino que serán negros de tonos específicos en relación a la atmósfera del ambiente en que se encuentran.

 

Thomas van Stein, Night Scales (Escamas de la noche), óleo sobre tela, 26 x 32 cm, 1998. 

 

Las atmósferas y el negro

Escoger el valor del negro o de los negros que vamos a emplear en una pintura depende de la atmósfera que deseemos producir en la misma, además de depender de cómo nuestros ojos percibirían dicha atmósfera. Recordemos que nuestros ojos se adaptan a la intensidad de la luz del ambiente en el que se encuentran. Si están en un ambiente luminoso, el diafragma de la pupila se cerrará y, en cambio, si están en un ambiente obscuro el diafragma se abrirá.

Si el diafragma de nuestros ojos está muy cerrado debido a que hay mucha luz, veremos sombras negras que bajo otras circunstancias lumínicas veríamos como medios tonos en lugar de negras. Esto se debe a que conforme el diafragma cierra o abre, también percibimos los colores de manera distinta. El diafragma de nuestro ojos se cierra cuando hay mucha luz a nuestro alrededor, haciendo que nuestro ojo busque protegerse de la misma. Con el diafragma cerrado, naturalmente entrará menos luz a nuestro ojo, ocasionando que las luces altas no nos deslumbren. Pero a su vez el diafragma cerrado tendrá como consecuencia que muchos medios tonos y zonas de luces bajas las percibamos como sombras muy obscuras.

Puesto que entra menos luz a nuestros ojos, las zonas en las que hay poca luz aparentarán tener una aún menor cantidad de luz. Lo mismo ocurrirá a la inversa; estando en un ambiente obscuro, nuestras pupilas se dilatarán y nos harán percibir como zonas de tonos medios a las zonas que en otras circunstancias se verían completamente obscuras.

 

Odd Nerdrum

 

¿Cómo se traduce esto a pintura?

En pocas palabras, si estamos en un ambiente cálido y luminoso nuestros negros deberían contener un poco de color más cálido y luminoso en relación a la atmósfera en que se encuentran. Por el contrario, si estamos en una atmósfera más fría, nuestros negros deberían tener matices más fríos. O si lo que deseamos es realizar pintura en alto contraste, sería conveniente utilizar negros con tonalidades considerablemente frías para acentuar el efecto. Dominar todo esto dependerá siempre de aprender a pensar el negro como un color más del arco iris, no sólo como negro y ya.

En el pasado he escrito algunos textos que hablan precisamente de este tema desde otros puntos de vista y, ti les interesa dominar lo que se ha hablado aquí, sería bueno que les den una revisada:

Cómo acentuar la ilusión de volumen por color

Cómo producir la ilusión de objetos que emiten luz en la pintura 1

Cómo producir la ilusión de objetos que emiten luz en la pintura 2

 

Consejos para dominar el uso del color blanco

junio 25, 2018

Al utilizar blanco dentro de nuestra paleta, no siempre es lo ideal usar pintura blanca pura. A veces es más conveniente preparar previamente nuestros blancos por distintas razones. Por un lado, preparar nuestros blancos y atenuar ligeramente su “blancura” nos permite reservar nuestra pintura blanca pura para los brillos más intensos de nuestras obras. Por otra parte, preparar nuestros blancos nos permite integrarlos como matices de color dentro de una atmósfera con una “temperatura” específica. Podemos preparar previamente pintura blanca con una tendencia de color, para así acentuar un tipo de ambiente dentro de una obra.

También podemos preparar blancos con valores tonales de grises distintos. Esto implica que podremos controlar la blancura de nuestras pinturas blancas y reservar los blancos más intensos para nuestros brillos, pero además quiere decir que los blancos pueden ser programados para generar la sensación de distintos planos de distancia en aquello que se trabaje con ellos.

 

 

El blanco en la pintura figurativa

En la pintura figurativa, la pintura blanca tiene la función esencial de producir la ilusión de luz que impacta sobre los objetos retratados. El blanco tiene la capacidad de volver más ligero el valor tonal de los colores que utilizamos, por lo que ayuda a producir la ilusión de volumen por medio de crear la ilusión de luminosidad.

Para quien no sepa que quiere decir valor tonal, tiene que ver con lo siguiente:

Si imaginamos una escala de grises al lado de distintos colores, ¿a cuál de los grises de la escala se parece más en términos de blancura u obscuridad el color que estamos utilizando? Como puede ser visto en el esquema de la escala de Munsell, algunos colores, aún sin tener blanco en ellos, tienen valores tonales más luminosos que otros. Independientemente del valor tonal intrínseco de cada color, el blanco tiene la cualidad de aligerar el valor tonal de todos los colores, lo que lo vuelve un color esencial para la pintura figurativa.

 

Sistema de color de Munsell.

 

El blanco como color

Lo cierto es que el blanco es un color bastante difícil de dominar por varias razones diferentes; en parte, esto se explica porque es un color que tiene una gran cantidad de funciones. Pero algo que es importante considerar al intentar dominar el blanco es que, al igual que las pinturas negras, el blanco no es blanco sin tendencia hacia algún matiz. Esto quiere decir que los blancos siempre poseen color en ellos, aunque sea muy sutil, y esto debe ser tomado en consideración al usarlos.

Por esta misma razón, sumada a otras que veremos más adelante, es conveniente no sólo tratar al blanco como color sino inclusive acentuar su tendencia hacia un matiz específico. Esto es, preparar nuestros blancos.

 

 

Blancos preparados

Existen marcas de pintura que venden pintura blanca previamente preparada con tendencia hacia una tonalidad u otra. Por lo general se venden blancos preparados con tonalidad cálida y blancos preparados con tonalidad fría. Sin embargo, no es completamente necesario que compremos blancos previamente preparados para trabajar, a menos que así lo deseemos.

Desde mi punto de vista, lo ideal es que nosotros preparemos nuestros propios blancos. Esto lo digo porque no todas nuestras pinturas con atmósferas cálidas requerirán el mismo tipo de blancura y lo mismo puede decirse de nuestras pinturas con atmósferas frías. Por tanto, lo ideal es procurar preparar nuestros propios blancos.

 

 

Qué tomar en consideración al preparar nuestros blancos por temperatura

Puesto que el blanco en la pintura figurativa implica por lo general luz, es precisamente en nuestra fuente luminosa en lo que debemos poner atención al preparar nuestros blancos. ¿Cuál es el matiz de la luz que incide sobre los objetos que retratamos? Nuestra fuente luminosa, la cual muchas veces no será visible en nuestra obra más que de forma tácita, será la que tenga la mayor blancura y a su vez la mayor temperatura de nuestras luces.

Esto quiere decir que nuestro blanco preparado deberá corresponder con la temperatura de nuestra fuente de luz. Si nuestra luz es amarillenta, nuestro blanco preparado debería llevar una mínima cantidad del mismo amarillo de nuestra luz o de un amarillo de una temperatura ligeramente más fría que la de nuestra luz principal.

Utilizar una temperatura ligeramente más fría que la de nuestra fuente luminosa es particularmente útil cuando nuestra fuente luminosa es visible dentro de nuestra obra. Puesto que la fuente luminosa es la que debe tener la mayor blancura, así como la más alta temperatura en cuanto a nuestras luces, es conveniente preparar el blanco que utilizaremos para trabajar todas las demás áreas del cuadro con una temperatura más baja y un nivel de blancura menor al de la o las fuentes luminosas. De esta forma nos aseguraremos de reservar la mayor intensidad de blanco para nuestras fuentes luminosas y generar una ilusión de luminosidad más intensa en las mismas.

 

Luz cálida y luz fría.

 

Reservar los blancos más intensos para brillos

Así como los blancos más intensos se reservan para nuestras fuentes luminosas cuando aparecen en la obra, también pueden ser reservados para nuestros brillos más altos.

Trabajar nuestros cuadros exclusivamente con blanco preparado nos permite reservar los blancos puros para con ellos realizar acentos luminosos. Es muy común que al pintar comencemos a abusar de un color en ciertas zonas. Abusar del blanco en puntos que no sean altamente luminosos hará que destaquen más que aquello que nosotros quisiéramos que fuera lo que más destacara. Los blancos preparados, así como son una forma de generar atmósfera en nuestras obras, también son una forma de limitar nuestro uso del color más luminoso para así guardarlo y aplicarlo solamente en donde más útil nos será.

 

 

Blancos preparados fríos

Los blancos preparados fríos son blancos generalmente azulosos. No obstante, al prepararlos también debemos tomar en cuenta que el blanco en la pintura figurativa generalmente es un color luz, por lo que es necesario pensar en emplear azules cálidos en nuestros blancos.

En el texto de cómo acentuar la ilusión de volumen mediante el uso del color hablamos de cómo identificar si un color es más cálido o más frío que otro. Generalmente se habla de colores fríos y cálidos, mas no se especifica cáal es más cálido de entre los cálidos y cuál más frío de entre los fríos. Puesto que luz es igual a temperatura, es muy importante entender más respecto a las temperaturas de los colores para así poder preparar nuestros blancos asertivamente.

Un azul que sea percibido como más cálido que otro dependerá de la circunstancia en la que se encuentra. Si el ambiente en que está es de tendencia rojiza, dicho azul tenderá hacia los morados al calentarse. Si, por el contrario, el ambiente en que se encuentra es de tendencia amarillenta o completamente azulosa, tenderá hacia un azul más verdoso como es el cyan.

 

 

El uso tradicional de blancos fríos y cálidos

El uso de los blancos preparados fríos en la pintura figurativa generalmente es el de luces indirectas que provienen del cielo azul. Así mismo, el uso de blancos preparados cálidos (amarillentos) generalmente es para pintar objetos, retratos o paisajes que se encuentran a plena luz del sol.

Sin embargo, hoy en día no todos deseamos pintar asemejando luz de sol, luz de vela, o luz azul refractada del cielo. La realidad es que nuestra vida contemporánea tiene muchas fuentes luminosas diversas. Pantallas que emiten luces de colores, luces de neón, espectaculares, focos de LED, luz fría de diversos colores, etcétera. Debido a esto, al preparar nuestros blancos para trabajar puede no bastarnos el servirnos exclusivamente del blanco preparado azuloso y blanco preparado amarillento.

En tal caso, lo recomendable es preparar nuestros propios blancos según lo que deseemos pintar y la atmósfera dentro de la cuál lo queramos ubicar. ¿Deseamos reproducir un ambiente con luz fría? ¿Queremos que la luz principal provenga de una pantalla? ¿Qué temperatura de color tiene nuestra luz principal y qué nivel de blancura? A partir de la respuesta a estas preguntas es que deberíamos considerar el nivel de blancura de nuestro blanco preparado y también la temperatura que deberá tener.

 

 

Tonos de gris en blancos preparados

Así como es importante ajustar la temperatura de nuestros blancos preparados, también es importante ajustar su nivel de agrisamiento.

Pensemos en una pintura en blanco y negro. En ella, para restar blancura a una zona blanca, la mezclaríamos con pigmento negro en distintos grados para generar tonos diversos de grises. Es cierto que mezclar la pintura blanca con colores distintos producirá valores tonales diversos más cercanos a grises que a blancos. Sin embargo, algunos colores -como los amarillos puros- son sumamente brillantes y por lo mismo podrán generar blancos, que aunque amarillentos, sean tan intensos que jalen más la atención del espectador que los blancos puros mismos.

Por esta razón es importante no sólo agregar mínimas cantidades de matices de color a nuestros blancos al prepararlos, sino también agregarles cierta cantidad de gris para controlar o limitar de esa forma su luminosidad.

 

 

El uso de blancos puros

Si limitamos la luminosidad de nuestros blancos preparados en cuanto a temperatura y por agrisamiento, podremos sacar de nuestros blancos puros el mayor provecho.

El blanco puro dentro de una pintura hecha con blancos que no compiten con él en cuanto a brillantez, será perfecto para producir la ilusión de brillos muy intensos o de fuentes luminosas que realmente parezcan emitir luz.

Preparar nuestros blancos puede también funcionar para generar una fuerte ilusión de espacialidad en nuestras pinturas si agrisamos nuestros blancos en relación a lo explicado en textos anteriores respecto a cómo emplear los valores de grises para generar la ilusión de espacialidad en la pintura. Pero de esto ya hablaremos en otra ocasión.

 

Pintura con énfasis en el proceso

junio 19, 2018

El término arte procesual hace referencia a obras de arte cuyo proceso de creación forma parte importante de la pieza en sí, en oposición a cuando solamente se valora el producto final de dicho proceso. De igual manera, se refiere a obras de arte en las que el proceso de creación es obviamente visible en el producto terminado.

Si bien el término arte procesual no es exclusivo de la pintura, dicho genero artístico nació de la misma y por lo mismo hasta la fecha es de suma importancia para el arte pictórico.

Enfocarnos en el aspecto procesual de la pintura nos permite descubrir aspectos de la misma con los que de otra forma no nos toparíamos. Nos deja salirnos de los resultados predecibles y, al dejarnos maravillar por ella, encontrarnos con aspectos valiosos de las posibilidades de la pintura que no necesariamente habríamos encontrado si tuviéramos un resultado determinado en mente.

 

Abstract Weave, Morris Louis, 1958, acrílico magna sobre lienzo.

 

El nacimiento del arte procesual

Se dice que el arte procesual tiene sus raíces en el período expresionista abstracto, particularmente en la obra de Jackson Pollock y de Morris Louis. Puesto que la obra de ambos pintores pertenece a géneros distintos de expresionsimo abstracto, el término “arte procesual” aplicado a ambos deja ver distintos aspectos dentro de la misma temática.

Por un lado, tenemos el lado de Jackson Pollock quien es considerado la epítome del action painting (pintura de acción), forma de pintura de la cual surgiría la inspiración para el posterior arte de performance. Por otra parte tenemos el arte de Louis, quien es considerado parte del género color field painting (pintura de campos de color). En dicho género, la acción no era tan importante como el resultado y la experiencia que el mismo producía en el espectador. Mas como posteriormente veremos, el proceso era particularmente importante para los resultados de Louis y a su vez se mantenía completamente visible aún cuando la obra estuviera terminada.

 

Marris Louis, Delet Kaf, 1959, acrílico magna sobre lienzo, 100 x 143 pulgadas.

 

Los drippings de Pollock

En las pinturas construidas a partir de drippings de Jackson Pollock, podemos ver claramente el proceso de construcción de sus obras. En las “entrecapas” de pintura chorreada puede leerse el proceso mediante el que los distintos colores fueron aplicados uno sobre otro. De esta forma es posible leer, no sólo la imagen visual resultante, sino el proceso mismo de construcción y la actividad del artista sobre el lienzo.

El action painting en general, y particularmente los drippings de Pollock, inspirarían al crítico de arte Harold Rosemberg a describir los lienzos de pintura más que únicamente como planos sobre los cuales representar objetos, sino más bien como ruedos en los que puede y debe uno actuar. “En cierto momento el lienzo comenzó a parecer a un artista americano tras otro una arena en la cual actuar – en lugar de un espacio en el cual reproducir, rediseñar, analizar o expresar un objeto -existente o imaginario-. Lo que ocurría, por tanto, en el lienzo, no era una imagen sino un evento.”

 

Airborn, (1959), Morris Louis, acrílico magna sobre lienzo.

 

Pintura y performance

A partir de aquellos pintores que comenzaron a ver “el lienzo como un ruedo en el cual actuar”, varios artistas posteriores comenzaron a cuestionase otras formas de aplicar esta forma nueva de pensar. Se cuestionaron si, puesto que lo significativo del action painting era la acción de la creación de la pintura y no del todo la pintura en sí, más que usar la obra como registro o consecuencia de la acción, ¿no podría prescindirse de la pintura y hacer de la acción misma la obra de arte?

De reflexiones que iban por la línea de lo antes enunciado surgieron distintos artistas de la década de los sesenta que comenzaron a experimentar con acciones en las que la pintura aparecía cada vez menos. En un principio, los materiales de pintura continuaban formando parte importante de la misma, pero poco a poco el performance y las acciones tomaron rutas diferentes, dando vida a gran cantidad de manifestaciones artísticas diferentes.

 

Where, 1960 by Morris Louis, Mature Works. acrílico magna sobre lienzo.

 

No todo es performance

Sin embargo, no todo en cuanto a la pintura procesual tiene que ver con volver a la pintura el registro de una acción. Y no todos los artistas interesados en la acción y el proceso decidieron abandonar la pintura para realizar exclusivamente performance.

Si bien en la pintura procesual es importante que el proceso de construcción de la obra sea visible, no siempre el gesto es el elemento fundamental de la misma. A veces el proceso es simplemente un elemento sin el cual cierto resultado no puede ser obtenido. Esto puede ser apreciado en la obra de Morris Louis, pintor que experimentaba con formas de pintura abstracta que permitieron que las ideas del crítico Clement Greenberg encontraran un gran eco.

 

Morris Louis, Tet, 1958, Acrylic (Magma) on raw cotton duck canvas, 94 x 152 inches

 

La obra de Morris Louis

Louis dejaba que la pintura fuera pintura sobre el lienzo y con esto me refiero a que el pintor permitía una gran libertad de movimiento a la pintura que utilizaba sobre sus telas.

Louis realizaba drippings sobre sus lienzos, pero de carácter muy distinto a los de Pollock. Dejaba chorrear pintura acrílica translúcida sobre sus telas con distintas densidades y niveles de pigmentación. A veces dichos chorreados ocupaban una gran superficie del lienzo y en otras ocasiones eran de poca anchura.

Solía también realizar dichos chorreados a manera de capas sucesivas de pintura muy translúcida, con la que lograba efectos de veladuras en los que se combinaban los colores de formas muy interesantes. Por otra parte, utilizaba un tipo de pinturas acrílicas conocidas como Magna, que estaban hechas a base de polímeros acrílicos y aceites minerales. Dichas pinturas tenían la cualidad de producir películas de pintura similares a las producidas por otros esmaltes de aceite, pero con la cualidad de poder utilizarse de forma sumamente translúcida, generando no obstante glaseados densos e uniformes.

 

Morris Louis, ‘Hot Half’, 1962, acrílico magna sobre lienzo.

 

El proceso en la obra de Morris Louis

En la obra de este artista el proceso tenía una función diferente de la que algunos action painters le dieron al mismo. En el caso de Louis, lo importante no era sólo el registro de una acción, sino el medio para lograr un resultado específico.

Lo interesante de la obra de este artista es que tal resultado específico no necesariamente era completamente predecible, puesto que Louis no podía saber con certeza de qué manera chorrearía la pintura sobre sus lienzos, ni tampoco cómo se mezclarían entre sí los colores que utilizara, una vez sobre el lienzo. Esto explica que los resultados de dichas pinturas hagan tanto énfasis en la apariencia final que se buscaba con la técnica específica desarrollada por Louis, haciendo de igual manera énfasis en el proceso mismo de la construcción de la obra, manteniendo este proceso una importancia equiparable al resultado.

 

Morris Louis. Beta Lambda. 1961, acrílico magna sobre lienzo.

 

El valor de la pintura procesual en el tardo modernismo

La pintura figurativa tardó varios siglos en desarrollar un lenguaje mediante el cual representar la realidad de forma convincente. Tras la ruptura que produjeron las vanguardias en el arte, los pintores modernos poco a poco comenzaron a desarrollar nuevos métodos para crear arte, y no exclusivamente en la pintura, sino también en muchos otros géneros artísticos.

Cualquier cosa que ayudara a los artistas a explorar nuevas posibilidades para el arte, con la idea de “hacerlo progresar” y alejarse de repetir los mismos sistemas del pasado fue bienvenido. El anti-arte del Dada y la pintura automática de los surrealistas eran formas en que los artistas intentaban separar sus mentes y sus producciones de replicar los mismos sistemas preestablecidos.

Claro que en cierto sentido podemos decir que dichos sistemas eran de emancipación de la academia, más que de reconstrucción y progreso, como la vanguardia pretendía. Siguiendo este camino hubo cierto momento en el cual llegaron sistemas que en efecto implicaban una nueva forma de pensar las artes. El arte procesual es, precisamente, uno de dichos sistemas.

 

Morris Louis , VAV, acrílico magna sobre lienzo,1960

 

La pintura procesual

Para la pintura procesual ya no era tan importante separarse de la academia como lo fue para movimientos vanguardistas previos. En cierta forma, estos artistas no eran los primeros en separarse de la academia y de los viejos procesos, por lo que podían dedicar su energía a realmente explorar el nuevo territorio en lugar de a sólo romper con lo establecido. Sin embargo, explorar este nuevo territorio desconocido implicaba aventurarse a cometer errores y a no poder predecir los resultados. La pintura procesual buscaba explorar nuevos medios y nuevas formas de crear pintura, nuevos aspectos de la pintura que no habían sido explorados anteriormente y que pudieran ser significativos para el presente.

A mi parecer, a partir de esta forma de pintura fue que diferentes artistas comenzaron a darse cuenta de las posibilidades de la pintura más allá de su capacidad de representar ideales preestablecidos. Recordemos que las vaguardias previamente se habían enfocado en la creación constante de manifiestos que sirvieran de punto de partida para crear pinturas. En cierto sentido, esta forma de trabajar les hacia seguir apegados a la representación y las reglas académicas. Aunque ya no eran las reglas académicas tradicionales, seguía siendo una forma de pensar en la que estabas limitado de antemano a actuar de una forma específica.

La pintura con énfasis en el proceso, en donde no hay necesariamente un fin preestablecido, permitió y continúa permitiendo explorar la pintura con plena libertad de acción, dando a cada artista la oportunidad de descubrir dentro de ella todo uno mundo.

 

Puntos a considerar al preparar lienzos para pintura de impasto

mayo 7, 2018

Impasto es el nombre que se le da en la pintura artística a los brochazos o espatulazos de pintura densa. El impasto puede emplearse en casi todas las técnicas de pintura, inclusive en técnicas delgadas como la acuarela. Aunque en realidad ha sido utilizado en distintas técnicas como el temple y el óleo desde hace siglos, a lo que hoy en día se le suele decir impasto, que son los brochazos densos y texturados de pintura, no surgieron sino hasta finales del Renacimiento con la pintura de Tiziano.

Pintores como Rembrandt fueron ampliamente criticados en su época por su denso uso del impasto, mientras que pintores como van Gogh hicieron del impasto el sello distintivo de su estilo pictórico.

Hoy en día pareciera que pintar de forma impastada es tan simple como abrir un tubo de pintura de impasto, o mezclar una pintura cualquiera con un medio de gel para impasto, y pintar sobre un bastidor cualquiera. Sin embargo, hay algunas cosas que se deben considerar para lograr el mejor resultado posible en técnica de impasto, en cuanto a acabados, y también para que nuestra obra con impasto sea estable y duradera. Aquí mencionaremos algunos puntos importantes a considerar para lograr pintura de impasto de la mejor calidad técnica.

 

Rembrandt Harmensz. van Rijn, El canto de alabanza de Simeon (1669), Óleo sobre tela.

 

Las técnicas para impasto

No es un requerimiento forzoso que toda la pintura de impasto deba realizarse en óleo o acrílico. De igual modo, el impasto tampoco tiene necesariamente que ser tan grueso y texturado como en la obra de van Gogh. En realidad, puede ser mucho más delgado que en la obra de este pintor o inclusive mucho más grueso. Todo depende de las necesidades del artista y de la técnica en que se desee pintar con impasto.

En técnicas como el temple de agua y la técnica de acuarela, se emplea el impasto de forma mucho más delicada. En técnica de temple de agua al impasto se le conoce como drybrush y en técnica de acuarela como gouache, puesto que antiguamente el gouache y la acuarela no eran vistos como técnicas separadas. Dichas modalidades de ambas técnicas no producen impastos como aquellos característicos de la técnica de óleo, encausto o acrílico, los cuales suelen ser gruesos y texturados. Más bien generan impastos mucho más sutiles, que consisten en formas ligeramente más densas de las técnicas a las cuales corresponden.

Los impastos en estas técnicas delgadas son sutiles por las cualidades de las mismas. Debido a que algunas técnicas utilizan como aglutinante medios con mayor capacidad de pegado que otras, o medios mucho más flexibles que otros, hay algunas de ellas que permiten impastos ligeros y otras, gruesos.

Las técnicas más delicadas como el temple de agua, la acuarela, la caseína y el jabón de cera implican la realización de impastos más sutiles. En cambio, las técnicas con mayor capacidad de pegado, como el temple de barniceta, el acrílico, el óleo y el encausto, permiten que con ellas se realicen impastos mucho más densos. Independientemente de si la técnica en que queremos pintar con impasto es delicada o permite un manejo más tosco, las reglas que los soportes deben seguir para lograr el mejor resultado posible son similares.

 

Vincent van Gogh, El recolector de paja (after Millet), Óleo sobre tela, 1889

 

Soportes para técnicas de impasto delgadas

Una vez hemos determinado la técnica con la cual queremos trabajar, lo siguiente a considerar es el soporte sobre el cual trabajaremos dicha técnica. En técnicas delgadas, la característica más importante que debe tener el soporte es su capacidad de absorción. A mayor cantidad de impasto deseemos utilizar, más absorbente debe ser el soporte. Esto se debe a que el impasto no debe quedar pegado al mismo solamente superficialmente, sino que debe integrarse al soporte de forma mucho más profunda para que aún con el paso del tiempo la obra se mantenga estable.

Así, en el caso de desear trabajar técnicas de acuarela impastada sobre papel o técnica de temple de agua sobre papel, conviene emplear un papel grueso y absorbente. Por supuesto, los papeles ideales para esta tarea son papeles con alto contenido de algodón o de puro algodón, puesto que el algodón los hace particularmente absorbentes.

En caso de trabajar con técnicas delgadas que no se realizan sobre papel, sino sobre tabla imprimada, como el temple de agua, la caseína y el jabón de cera, más importante que el soporte en sí es la preparación del mismo, la cual debe también ser muy absorbente. De esto hablaremos más adelante.

 

Frank Auerbach, Head of E.O.W. II, Óleo sobre tabla, 1961.

 

Soportes para técnicas de impasto gruesas

En técnicas de impasto más gruesas existen dos tipos diferentes: aquellas que se realizan sobre soportes blandos, como el óleo, y aquellas que se realizan sobre soportes rígidos, como el encausto.

Entre aquellas que se realizan sobre soporte blando, lo más importante es considerar el grosor de la tela y la textura de la misma. A más cantidad de impasto empleamos sobre una tela, mayor peso cargará la misma y, por lo tanto, la tela deberá ser cada vez más gruesa. Esto especialmente en bastidores grandes en los que se desea usar gran cantidad de impasto, por la gran cantidad de peso que deberán cargar. Ya en caso de que se quiera utilizar una cantidad de impasto exagerada, como ocurre en la pintura conocida como pintura matérica, lo ideal suele ser optar por soportes rígidos que puedan cargar todo el peso de los materiales que habremos de utilizar, puesto que de otra manera nuestra obra puede correr riesgos a futuro.

La textura de la tela o del soporte también es un factor importante a considerar para pintar con impastos muy gruesos. Telas de grano grueso, o soportes de madera que hayan sido previamente arañados y texturizados, proveerán mucho mejor agarre a los impastos gruesos que coloquemos sobre ellos, permitiéndole una mayor estabilidad futura a las capas de pintura de la obra.

Por el contrario, si empleamos impastos muy gruesos sobre telas delgadas y de grano delicado, la tela no proveerá el agarre suficiente a los gruesos impastos que coloquemos sobre ella.

 

Lucian Freud, Auto Retrato, Óleo sobre lino, 2002.

 

Las telas de Siqueiros

Hubieron pintores como David Alfaro Siqueiros que emplearon, para algunas pinturas en acrílico con gran cantidad de impasto, telas gruesas conocidas como yute. Estas telas son telas muy abiertas, de las cuales existen varios grosores. Sin embargo, las que Siqueiros utilizaba eran telas de hilos muy gruesos y bastante abiertos que permitían a la imprimatura anclarse completamente a la trama y urdimbre de la tela, proveyendo gran soporte a los múltiples kilogramos de pintura que colocaba sobre sus lienzos de gran formato.

Estos lienzos empleados por Siqueiros aún hoy proveen magnífico soporte a los impastos empleados sobre ellos, inclusive pese a las profundas craqueladuras y cuarteaduras de los mismos. Al quedar la pintura entrampada entre la tela, y no solamente colocada superficialmente, su resistencia al paso del tiempo es mucho mayor, aún en una técnica tan frágil como a largo plazo suele ser el acrílico.

 

Willem de Kooning, Woman I, 1950-52. Óleo sobre tela, 75 7/8 x 58 pulgadas.

 

La preparación del soporte

Un soporte en el que se trabajará con técnica de impasto debe ser mucho más absorbente que un soporte convencional, por lo que la cantidad de capas de imprimatura deben ser mayores. También es importante que dicha imprimatura, sobre todo en sus primeras manos, sea lo suficientemente fluida como para penetrar bien la tela en la cual está siendo aplicada. Es importante que la imprimatura no sea aplicada sólo de forma superficial sobre la tela del soporte, puesto que a más íntima sea la unión entre la imprimatura y el soporte, más estables serán las películas subsecuentes de pintura que se coloquen sobre la misma.

Este último punto es en realidad la parte más importante de la técnica de impasto en cuanto a la durabilidad de la obra. Las capas de imprimatura deben penetrar íntimamente la tela para que se vuelvan una unidad con el mismo soporte. De esta forma, las capas de pintura que la imprimatura absorba posteriormente podrán también unirse a la materia del soporte.

Por la razón previamente mencionada, la tela de lino es particularmente buena para la técnica de impasto en técnica de óleo. Puesto que el aceite con el que se fabrica la pintura de óleo es de linaza y la tela del lino es la fibra de la planta que provee la linaza, siendo ambos materiales la misma planta, producen una unión, no sólo física, sino molecular en los bastidores. Esto da, como resultado, la mayor estabilidad posible a las capas de pintura subsecuentes, siempre y cuando se considere el grosor de la tela en relación a la cantidad de impasto y se use una buena imprimatura a base de cola de conejo, aceite de linaza, blanco y carga.

En caso de la técnica de encausto, la imprimatura ideal es la caseína, que es sumamente absorbente. La misma debe ser colocada sobre el soporte de madera rígido, una vez éste haya sido preparado arañando la tabla para texturizarla. El encausto, pese a que en un principio se adhiere a casi cualquier superficie, con el tiempo y al endurecerse se va petrificando y pierde su adherencia. Es por esta razón que es importante arañar la madera previamente y a su vez prepararla con una imprimatura adecuada, que a su vez sea absorbente.

 

Andrew Wyeth, Above the Orchard, Acuarela sobre papel, 1957, 20 x 28 pulgadas,
 

Adelanto de la próxima entrada

En la próxima entrada continuaremos hablando sobre la técnica de impasto. Mencionaremos el proceso conocido como de magro a graso y su importancia en relación con la pintura de impasto. Así mismo, hablaremos sobre las cargas y su uso al producir impastos densos y untuosos que no pierdan su cuerpo al secar.

 

Cómo acentuar la espacialidad en dibujo y pintura mediante el uso de contrastes

abril 9, 2018

Algunos de los pintores más conocidos de la Historia del Arte Occidental han producido obras que acentúan la ilusión de espacialidad y tridimensión que poseen el dibujo y la pintura. De hecho, algunas de las obras más conocidas de dichos pintores son particularmente espaciales. Las Meninas de Velázquez y distintos cuadros de Vermeere parecieran ser espacios habitables en los que pudiéramos entrar. O bien los personajes de distintos cuadros de Rembrandt parecieran salirse del bastidor y estar realmente frente a nosotros.

Existen diferentes técnicas para lograr producir la sensación de tridimensión y espacialidad en la pintura y el dibujo. Las más conocidas de dichas técnicas son la perspectiva y el volumen. Sin embargo, existen muchas otras que nos permiten producir estas mismas ilusiones. Entre estos métodos encontramos el agrisamiento y el uso correcto de la teoría del color, los colores que avanzan y retroceden, y recursos técnicos cómo el uso de impastos, veladuras, cargas y saturaciones.

En este texto hablaremos de un recurso particular que es el uso del contraste para producir la ilusión de espacialidad en el dibujo y la pintura. La gran ventaja de este recurso es que puede ser puesto en práctica junto con otros de los recursos antes mencionados. A su vez es tan simple que no requiere del uso de color o de diversos materiales para ser puesto en práctica.

 

Diego de Velázquez. h 1657. Óleo sobre lienzo. 220 x 289. Museo del Prado. Madrid

 

¿Qué es el contraste?

En cuanto a color el contraste se define como la diferencia de tono que existe entre los colores de dos o más puntos de una misma imagen.

Existen distintos tipos de contrastes, para empezar hay contrastes en cuanto a valores de blanco, negro y gris, y otros en cuanto a contrastes de color.

Para acentuar la sensación de espacialidad en el dibujo y pintura el tipo de contrastes que más nos interesa es el contraste de valores de blanco negro y gris. Sin embargo, explicaremos con un poco más de detalle ambos para que sepamos de que es de lo que estamos hablado.

 

 

Contrastes en blanco, negro y grises

Los contrastes entre blanco, negro y gris son aquellos que se producen entre los distintos valores de la escala de grises. Ellos son de distintos tipos: altos contrastes, contrastes medios y contrastes sutiles.

Los altos contrastes son aquellos que se producen al emplear en una misma imagen o en una misma sección de una imagen dos colores que en la escala de grises se encuentran muy separados entre sí. El más alto de este tipo de contrastes sería por lo tanto el contraste entre blanco puro y negro puro.

Los contrastes medios son aquellos que se producen entre dos valores tonales que no se encuentran tan separados entre sí dentro de la escala de grises, pero que tampoco se encuentran muy juntos dentro de la escala de grises.

Los contrastes sutiles son aquellos que se producen entre dos colores que se encuentran muy juntos dentro de la escala de grises. Estos pueden ser tan sutiles que los mismos se vuelvan casi imperceptibles.

 

Aumentar y disminuir el contraste

En relación a lo que se habló en el párrafo anterior, aumentar el contraste entre dos valores tonales sería por tanto usar colores que dentro de la escala de grises se encuentren muy separados los unos de los otros.

De igual forma disminuir el contraste sería utilizar colores que dentro de la escala de grises se encuentren más cercanos, inclusive más cercanos de lo que la escala de valores visualmente nos permite reconocer.

 

 

Contrastes en color

Hablar de contraste en cuanto a color puede implicar dos temas distintos, contrastes cromáticos y contrastes en cuanto a valores tonales. Debido a que para acentuar la sensación de espacialidad mediante el uso de contrastes realmente solo emplearemos una de estas dos formas de contraste, vale la pena esclarecer las diferencias entre ambas.

Un contraste cromático es aquel que se produce entre los matices de dos colores distintos, un contraste tonal es aquel que se produce debido a los valores tonales de dos colores distintos.

Como se mencionó en el texto los colores como valores dentro de la escala de grises, los colores poseen distintas características a las cuales se hace referencia con distintos conceptos.

El matiz de un color es su característica cromática, esto se traduce en si dicho color es naranja, rojo, amarillo, amarillo limón, azul, azul cian o azul ultramar. También tiene que ver con qué tipo de color es independientemente, es decir, si tiene mezclado negro, blanco o gris en él.

El tono de un color tiene que ver con qué tan obscuro o claro es ese color si lo vinculamos con la escala de grises. No tiene que ver si tiene negro, gris o blanco en el color, sino a qué tono de gris se asemeja dicho color si le ubicáramos como un valor de gris más dentro de la escala de grises.

La relación entre los contrastes y la sensación de espacialidad en el dibujo y la pintura

El contraste y la espacialidad se relaciónan de forma muy simple en el dibujo y la pintura.

A mayor es la ilusión de distancia que queremos producir en un dibujo o una pintura, menor debe ser el contraste de esa zona de la imagen, llevando los colores hacia tonos de gris más neutros.

A mayor es la sensación de proximidad que deseamos producir, mayor debe ser el contraste que utilicemos en relación a lo más lejano de la imagen.

 

 

El contraste en la naturaleza

Es posible producir la ilusión de espacialidad en el dibujo y la pintura mediante los contrastes debido a cómo físicamente percibimos la distancia dentro del mundo natural.

Un elemento al que no nos es fácil poner atención visualmente es al aire, puesto que es translúcido. Sin embargo, en el aire que nos rodea flotan distintos tipos de partículas que no son tan transparentes como lo es éste. Humedad, tierra, polvo, humo, gases de fábricas, vapores, gases emitidos por máquinas y automóviles, etc. se encuentran también suspendidos en la atmósfera que nos rodea.

Este tipo de gases y partículas que se acumulan en el aire le vuelven más denso. Ello hace que, a la distancia donde nuestros ojos deben atravesar más cantidad de atmósfera para ver del otro lado, percibamos mucho más la densidad del aire y la atmósfera, por todo lo que se encuentra suspendido en el aire.

Consecuentemente esto dificulta percibir con claridad a los objetos que se encuentran detrás de estos. De esta forma el contraste de los objetos disminuye, puesto que ya no solo los vemos a ellos, si no que ahora los vemos a ellos mezclados con la atmósfera que los rodea. En particular vemos sus colores mezclados con los colores de la atmósfera que les rodea, y si ésta es muy densa, incluso dejamos de ver lo que está detrás.

 

 

La aplicación de ello en el dibujo

Aplicar esto en dibujo monocromático es muy fácil, aumentar el contraste hacia el frente de la imagen y disminuirlo hacia la distancia. Ello puede traducirse simplemente en apretar menos el lápiz (u otro instrumento que estemos usando) al producir claroscuro en aquello que deseemos colocar como distante e intensificar la presión del lápiz en aquello que deseamos traer hacia el frente.

En el caso de emplear tintas, se puede traducir en emplear tintas más aguadas para representar aquello distante y utilizar tintas más densas en aquello que se encuentra más cercano.

Es importante considerar que para aplicar esto con el mayor éxito posible podría ser una buena idea entonar nuestro papel de fondo previamente con un medio tono, aún si dicho medio tono es un valor de gris muy ligero. De esta forma nuestros contrastes frontales podrán no solo moverse en una dirección, la de intensificar la obscuridad de nuestras sombras al presionar más o menos nuestros instrumentos de dibujo, sino que también tendremos la opción de acentuar luces en los objetos frontales para hacerlos parecer más cercanos. Puesto que como se puede ver en la imagen anterior la distancia no solo debilita la intensidad de los tonos de sombra, también debilita la brillantez de las luces.

 

The Rham Plateau and the Bock, Luxembourg, from the North-East, 1839 Joseph Mallord William Turner 1775-1851

 

La aplicación de ello en la pintura a color

Cuando pintamos con color de igual manera el contraste se debilita hacia el fondo y se intensifica hacia el frente. Solo es importante considerar que el contraste que se intensifica o debilita es el de los valores tonales de los colores y no el contraste entre los matices de color.

Como ya se ha mencionado hablar de contraste en cuanto a color puede significar dos cosas: contrastes entre matices y contrastes entre tonos.

El contraste entre matices sería qué tan cerca o lejos está un matiz de otro dentro del círculo cromático. El contraste entre tonos que tan cerca o lejos está un color de otro dentro de la escala de grises.

En cuanto a producir la sensación de distancia o proximidad por contraste nos interesa en este caso más el contraste de tonos que el contraste de matices.

 

Honfleur, Normandy from the West c.1832 Joseph Mallord William Turner 1775-1851

 

Colores que avanzan o retroceden

En efecto los matices de color pueden emplearse también para producir la ilusión de espacialidad en la pintura y esto puede ser logrado de distintas formas. Por un lado, tenemos el tema de los colores que avanzan y retroceden, el cual tiene que ver con la forma en cómo percibimos los colores cálidos y fríos, así como la forma de percibir los colores según sus valores de grises.

Sin embargo, si queremos tener un dominio profundo de la espacialidad que permite el color, debemos estudiar cómo funciona éste en relación con la atmósfera dentro de la naturaleza. De ello hablaremos en la próxima entrada.

 

 

Consejos para dominar la ilusión de volumen en claroscuro

marzo 6, 2018

Claroscuro es el nombre que generalmente se la da a uno de los métodos con el que se produce la ilusión de volumen, tanto en dibujo, como en pintura. Con el claroscuro se imita la manera en que la luz incide sobre los cuerpos, acentuando así sus volúmenes.

El claroscuro, así como nos permite producir la ilusión de volumen y espacio, también nos otorga la capacidad de modular la intensidad de la luz aparente de nuestra obra. Esta técnica nos permite producir la ilusión de que la luz es tenue, media o intensa, que viene de un lado, de otro o de varios sitios a la vez.

Todo esto hace del claroscuro una importantísima herramienta, no sólo para generar la ilusión de volumen, sino también para marcar el tono emocional de nuestro trabajo. De hecho, esta es la razón por la que este recurso, cuyo origen se remonta a varios siglos atrás en la pintura, se ha vuelto también recurso de otras artes como el cine y el teatro, los cuales se valen de la iluminación para acentuar escenas y transformar la emoción que éstas producen.

 

 

El claroscuro en el dibujo

Una herramienta esencial para aprender a dominar la ilusión de claroscuro es, precisamente, el dibujo; particularmente el dibujo monocromático.

Puesto que el claroscuro no requiere color para producirse, incluso puede llegar a ocurrir en un principio que el uso de color sea un ancla, en lugar de una herramienta de trabajo, cuando se quiere aprender a dominar esta técnica. Esto se debe a que el claroscuro requiere, en esencia, únicamente dos variables: cantidad de blanco y cantidad de negro. Con estos dos simples elementos tenemos la capacidad de producir una gran escala de tonos de grises que, mediante su correcta distribución, nos llevan a producir la ilusión de volumen.

Cuando se agrega color al claroscuro entra una variable más -los matices-, la cual puede ser muy compleja por la bastedad de matices que tenemos la posibilidad de ver.

 

Alberto Durero, Estudio de mano con Biblia-, tinta y tiza, 1506

 

El claroscuro y la geometría

Crear la ilusión de volumen mediante claroscuro implica un elemento más: la geometría.

Pintores como Cézanne y Hokusai han mencionado en sus escritos que todas las formas de la naturaleza deben ser tratadas por el pintor como si se tratara de esferas, cilindros, conos y cubos. Esto es, en pocas palabras, porque de esa forma es más fácil producir la ilusión de claroscuro en el dibujo y en la pintura.

Cuando observamos un objeto, debemos determinar a qué objeto geométrico básico se asemeja más, o en cuál podríamos sintetizarlo. En caso de que sea un objeto muy complejo, deberíamos enfocarnos en analizar en qué elementos geométricos simples podríamos sintetizar sus formas. Esto quiere decir, por ejemplo, que si deseamos dibujar un rostro la nariz sería semejante a un cono cortado por la mitad, las narinas serían medias esferas, los pómulos serían esferas, mientras que la frente sería semejante a un medio cilindro o a un cubo, y así sucesivamente.

 

Apuntes de Hokusai para enseñar a dibujar.

 

El valor de la simplificación de formas

El valor detrás de simplificar las formas es que también simplifica la forma en que posteriormente abordaremos el claroscuro sobre los objetos. Lo ideal es que, en lugar de tener que copiar parte por parte de una foto o de una imagen del natural, podamos abstraer en nuestras mentes las formas básicas de los objetos y reproducir cada uno de sus elementos sin necesitar siempre la copia fiel, sino pudiendo recurrir a nuestro intelecto.

Como pintores esto nos gana gran velocidad al trabajar y, mejor aún, nos libera completamente de la necesidad de depender de fotografías o de modelos, ya que nos da la posibilidad de dominar con nuestras propias mentes la ilusión de volumen y de luminosidad de un cuadro. Además, nos permite adquirir la capacidad de pintar directo de nuestra imaginación de forma realista o de pintar objetos del natural sin que éstos estén completamente quietos.

 

 

La aplicación de claroscuro sobre las formas geométricas

Una vez que hemos pensado en qué formas geométricas vamos a utilizar para sintetizar aquello que queremos dibujar o pintar, el siguiente paso es la aplicación de valores tonales sobre el objeto.

Lo primero que debe definirse es la dirección de la luz. La luz puede venir de muchos puntos en relación a nuestro objeto; de hecho, se le puede iluminar desde cualquier punto, 360º alrededor de él.

Una vez tenemos claro de dónde vendrá la luz, lo siguiente que debe pensarse es en algo que en ttamayo llamamos autosombra.

 

 

 

La autosombra

La autosombra se conoce generalmente en inglés como core shadow. En libros viejos en español se le llega a encontrar como la joroba de la sombra; nosotros le llamamos autosombra.

La autosombra es el punto en que el objeto empieza a hacerse sombra a sí mismo. Ese sitio será el lugar en el cual la sombra del objeto será más intensa, haciendo tangibles en nuestro dibujo el volumen del objeto y la dirección exacta de la que viene la luz.

Para identificar el sitio en donde debe ir la autosombra, tenemos que ubicar de dónde viene la luz y dónde exactamente incide ésta sobre el objeto. Después tenemos que ubicar, en relación a la dirección de la luz, en qué lugar es que el diámetro del objeto ya no le permite el paso a la luz y comienza a hacerse sombra a sí mismo. Justo ahí irá la autosombra.

 

Luces

La autosombra es también la línea divisoria entre el área de luz y el area de reflejo.

La zona de luz será la cara del objeto que da hacia la fuente luminosa. El punto del objeto que esté completamente de frente a la luz será el sitio en que se encuentre la luz más intensa.

Más allá de esa zona y conforme la cara del objeto comienza a no estar completamente de frente a la fuente de luz, poco a poco la luz se volverá menos intensa. A esta zona le llamamos luz secundaria o medio tono, porque en ella emplearemos tonos de grises. Ésta continúa hasta llegar a la zona en que el objeto se hace sombra a sí mismo: la autosombra.

 

 

Reflejos

Pasando la zona de autosombra entramos a otra zona importante, que es la zona de reflejo. Esta zona es donde el objeto comienza a recibir luz rebotada, por objetos a su alrededor y por la superficie en la que está colocado. Esta zona es bastante importante, puesto que ayuda a acentuar la ilusión de volumen en el objeto, así como de realismo.

Esto se debe a que la luz en el mundo real siempre rebota, bañando a los objetos desde distintas direcciones. A menos que un objeto se encuentre en el vacío, siempre habrá otros objetos que refracten luz sobre él. Considerar esto en nuestro dibujo nos permitirá gran realismo, permitiéndonos a la vez jugar con la ilusión de las atmósferas que queramos producir en nuestras obras.

 

 

Errores comunes

El error más común que suele producirse al dibujar en claroscuro es poner la sombra más intensa en el area donde debería ir el reflejo. Esto es muy común y es un gran impedimento.

Para contrarrestar esto es importante identificar y dominar el uso de autosombras; identificar de dónde viene la luz, dónde empieza a hacerse sombra el objeto a sí mismo y donde comienzan los reflejos. Si tenemos esto en cuenta, siempre avanzaremos rápido en el dibujo de claroscuro, adquiriremos gran velocidad, capacidad de síntesis y dominio sobre la luz de nuestras obras.

 

Ejemplo de error

 

Brillos

Un último elemento importante al pintar son los brillos. Se trata de las luces más altas de nuestros objetos, aunque no necesariamente se encuentren justo en donde la cara del objeto esta completamente frontal a la fuente de luz.

Normalmente podemos encontrarlos a un lado de la cara frontal de luz, ocupando una parte de esta cara frontal, pero también una pequeña parte de la zona de luz media.

Los brillos son puntos en los que la luz que incide sobre el objeto es refractada directamente hacia nuestros ojos; zonas en que el objeto espejea hacia nuestros ojos. Es por esta razón que éstos no sólo dependen de la forma del objeto, sino que también están directamente relacionados con la dirección de la luz y de la ubicación en la que nosotros nos encontramos con respecto al objeto.

 

 

Gerhard Richter, Wald 3 [ Bosque 3], 1990.

El claroscuro en la abstracción

Para terminar, me gustaría mencionar que aún si no estamos interesados en la representación figurativa de objetos, el claroscuro no deja de ser importante.

El dominio del claroscuro es esencial para todo tipo de pintor, tanto figurativo como abstracto. Si bien la técnica es generalmente empleada para crear la ilusión de volumen, dominarla también nos permite aprender a controlar nuestros medios. Esto se debe a que su uso implica el ya mencionado uso asertivo de gran cantidad de tonos, hecho que significa que mediante el uso del claroscuro se aprende a generar graduaciones, gradientes y a dominar el contraste.

Todos estos elementos mencionados son de gran valor en la pintura abstracta, y para dominarlos generalmente conviene ejercitarnos primero (o a la par) mediante la aplicación de claroscuro en el dibujo con volúmenes.

 

La historia detrás de los 7 pintores impresionistas más conocidos

febrero 26, 2018

El impresionismo es una de las corrientes artísticas más conocidas y valoradas, por lo que las obras de algunos de los pintores que reconocemos como parte de dicha corriente son algunas de las más reconocibles del mundo. Inclusive podríamos afirmar que la obra de los impresionistas más famosos: Monet, Manet, Cézanne, Degas, etcétera. es lo que viene a la mente de muchas personas cuando se menciona la palabra arte. ¿A qué se debe el éxito de estos pintores? Bien podríamos decir que a su indiscutible talento, cosa que, si bien es cierta, es sólo una parte de su gran éxito.

Los pintores impresionistas más famosos son pocos en relación a todos los pintores que formaron parte del movimiento. De hecho, los más famosos son sólo siete, que poseen algo muy interesante en común. Para empezar, es cierto que existen grandes semejanzas en cuanto su forma de pintar o, quizá deberíamos decir, en cuanto a sus intereses respecto a la pintura. En segundo lugar, el país que habitaban, Francia, era el mismo, mas ese tampoco es el elemento en común al que me refiero. El elemento interesante que une a los siete impresionistas más famosos es la amistad que guardaban con un pintor de nombre Gustave Caillebotte.

Si bien Gustave Caillebotte no pasó a la historia como un gran artista, en términos de visibilidad en gran medida fue gracias a él que el impresionismo adquirió tal reconocimiento, adquiriendo particular atención los pintores impresionistas que eran sus amigos.

 

 

Gustav Caillebotte, Les rabouteurs de parquet (Los acuchilladores de parqué), óleo sobre lienzo, 102 cm × 146,5 cm, 1875.

 

Antecedentes del impresionismo

El impresionismo no fue una corriente con un manifiesto; en realidad el nombre es un término genérico que se le dio a cierto conjunto de pintores. Manet, quien es considerado el padre del impresionismo, pintó por varios años de una forma que podría considerarse antecedente impresionista, antes de que el nombre impresionismo siquiera existiera.

Como muchos sabrán, el término impresionismo proviene de la obra de Monet Impression, soleil levant (Impresión, sol naciente), a partir de la cual el crítico Louis Leroy, en tono de burla, decidió poner “impresionismo” al tipo de pintura que realizaban Monet y sus camaradas. Sin embargo, el “impresionismo” no nació como un movimiento contracultural de manera consciente; de hecho, los pintores de dicho movimiento estaban muy interesados en ser aceptados y comprendidos por el gran público.

Independientemente de que no fuera un movimiento per se, sin duda existen puntos en común entre la obra de los pintores impresionistas, los cuales derivaban de la estrecha relación que guardaban entre sí.

 

 

Edouard Manet, Le Déjeuner sur l’herbe (Desayuno sobre la hierba), óleo sobre tela, 208 x 264.5 cm, 1863.

 

Características del impresionismo

El término impresionismo pretendía hacer alusión a la forma irregular y aparentemente incompleta de pintar que caracterizaba a las pinturas “instantáneas” del grupo de jóvenes pintores, amigos de Monet. Se dice que la pintura impresionista no intentaba sondear el significado de la existencia, o al menos no lo hacía de manera literal. Esta pintura estaba más interesada en experimentar y reflejar las superficies llenas de color de la vida. La intensión era reproducir la sensación visual, el colorido, las luces cambiantes y el encanto que el mundo nos puede mostrar, momento a momento.

Movidos por estos intereses, los impresionistas liberaron el color hasta conducirlo casi hasta la autonomía. Así mismo, llevaron la disolución de la forma tradicional hasta la creación de un entramado atmosférico y brillante, tras el cual la precisión fiel de los objetos se esfumaba, anunciando un arte “no objetivo”.

Podríamos decir que en el trabajo de los impresionistas la pintura se deshizo de las limitaciones ideológicas de la academia de la época para perseguir otros ideales. En cierta forma, la pintura volvió así a enfatizar sus fuentes esenciales: el color puro y la forma pura. Poco a poco, en las décadas posteriores al impresionismo, la pintura se iría liberando cada vez más de referencias narrativas y alegóricas para dirigirse hacia el rumbo de la abstracción. El impresionismo representó el nacimiento de un arte subjetivo, preocupado no sólo por aquello que narraba sino por cómo plasmaba lo narrado, siendo esto lo que determinaba el valor artístico del cuadro.

 

Edgar Degas, La classe de danse (La clase de danza), óleo sobre tela, h. 1873. National Gallery of Art, Washington.

 

La influencia del impresionismo en movimientos posteriores

Podríamos decir que el impresionismo fue uno de los detonadores más significativos de las vanguardias, por lo que su influencia fue extremadamente vasta. Sin embargo, tuvo también muchas repercusiones inmediatas.

La primera exposición que podríamos considerar impresionista tuvo lugar en 1874, cuando Monet, Alfred Sisley, Renoir, Degas, Armand Guillaumin, Berthe Morisot y Cézanne unieron sus fuerzas exponiendo sus obras en el estudio del fotógrafo Félix Nadar. Posteriormente se uniría al grupo Manet, cuya obra es ahora considerada por muchos el antecedente inmediato que anunciaba al impresionismo.

La influencia de este grupo de pintores sería muy amplia, a pesar de las primeras respuestas negativas que recibieron del público de la época. Su estilo pictórico se extendió poco a poco hacia otros rincones de Europa en las décadas posteriores. Eventualmente llegó a Alemania, donde 15 años después nació un movimiento impresionista propio, llegando posteriormente la influencia del mismo a Holanda y Noruega, entre otros.

Sin embargo, la influencia y la fama de estos pintores no se detuvo ahí. Bien podríamos decir que los pintores impresionistas siguen siendo tan significativos hoy como hace más de un siglo, y mucho más conocidos. Pero no todos los impresionistas gozan de la misma fama y el mismo crédito, y pese a que sin duda puede decirse que los más famosos son magníficos pintores, ya hemos mencionado que no era lo único que tenían en común.

 

Claude Monet, Impression, soleil levant (Impresión, sol naciente), óleo sobre tela, 48 × 63 cm, 1873.

 

Gustave Caillebotte

Gustave Caillebotte es probablemente el pintor impresionista menos conocido, mas no por eso podríamos decir que fue mal pintor. Su pintura es más figurativa que la de otros impresionistas, por lo que a los ojos de los que observamos su obra desde el presente, con escaso conocimiento, nos puede parecer más un pintor clásico que uno impresionista. Sin embargo, sus contemporáneos lo consideraban un pintor fenomenal, a la par de Monet y Renoir.

De hecho Zola, el crítico que eventualmente atrajo la mirada del público sobre la pintura impresionista, elogiaba su uso del color y llamaba a Caillebotte uno de los impresionistas más audaces. Pero lo cierto es que, más de un siglo después del surgimiento del impresionismo, Monet es considerado uno de los pintores más famosos de la historia, mientras que Caillebotte es prácticamente desconocido, siendo que en su momento ambos eran considerados sumamente talentosos.

Si bien el tiempo no ha sido particularmente benévolo con la obra de Caillebotte, la realidad es que los pintores impresionistas más famosos le deben mucho, aunque no como pintor.

 

Pierre-Auguste Renoir, Bal au moulin de la Galette (Baile en el Moulin de la Galette), óleo sobre lienzo, 131 × 175 cm, 1876.

 

La colección de Caillebotte

Un equipo de investigadores de Cornelle University se dio a la tarea de investigar el canon impresionista y encontraron que había algo impresionante que distinguía a los pintores más importantes de ese período de sus contemporáneos: su relación con Caillebotte.

Gustave Caillebote nació dentro de una familia adinerada en 1848 y durante sus veintes descubrió su gran talento y pasión por la pintura. En 1875 envió su cuadro Los acuchilladores de parqué para participar en el salón de pintura de París, pero fue rechazado. A raíz de este rechazo fue invitado por Renoir a participar en una de las exposiciones que surgieron de los salones de rechazados: las exposiciones impresionistas. Ahí conoció a Monet y Degas, de quienes se hizo amigo y a quienes les compraría decenas de cuadros en un momento en que prácticamente a nadie le interesaba comprar la pintura de estos jóvenes pintores.

Caillebotte estaba convencido de que moriría joven, razón por la cual muy pronto escribió su testamento. En él le cedía al gobierno francés su colección y solicitaba que se colgaran alrededor de 70 piezas en una exhibición en el museo de Luxemburgo en París. Curiosamente, Caillebotte muere en 1894 a la edad de 45 años, cumpliendo con lo que él mismo profetizaba.

Entre las obras de su colección, incluidas en el testamento, se encontraban al menos 16 cuadros de Monet, 8 de Renoir, 8 de Degas, 5 de Cézanne, 4 de Manet, 18 de Pissarro y 9 de Sisley, quienes, de hecho, son los pintores impresionistas más famosos.

 

Paul Cézanne, Naturaleza muerta con plato de fruta, óleo sobre lienzo, 46.4 x 54.6 cm, 1878-1880.

 

El rechazo de la obra

En un principio, el gobierno francés no aceptó la solicitud de Caillebotte y ni siquiera Renoir, fungiendo como ejecutor del testamento, logró que el gobierno aceptara las obras y la solicitud de colgarlas en el museo. Artistas, críticos, e incluso politicos importantes de la época, consideraban la petición insultante, presuntuosa y francamente desquiciada. De hecho, varios profesores de arte amenazaron con renunciar de L’École des Beux-Arts (Escuela de bellas artes) si las obras eran aceptadas.

Sin embargo, después de un año de tratar de que el gobierno aceptara la colección, Renoir logró que el gobierno accediera a recibir la mitad de la colección. Las pintura aceptadas incluían 8 cuadros de Monet, 7 de Degas, 7 de Pissarro, 6 de Renoir, 6 de Sisley, 2 de Manet y 2 de Cézanne. Cuando en el año 1897 los cuadros fueron finalmente colgados en una nueva ala del Musée du Luxembourg, representó la primera exposición oficial del arte impresionista en Francia, o en cualquier país europeo.

La gente inundó el museo para ver arte que antes habían ridiculizado o simplemente ignorado y Caillebotte logró así su cometido. La exposición trajo una atención sin precedentes a los pintores impresionistas, e incluso gran respeto, particularmente a aquellos representados por su obra en dicha sala de exposición.

 

Camille Pissarro, Le Boulevard de Montmartre, Matinée de Printemps (El bulevar de Montmartre, mañana de primavera), óleo sobre tela, 65 × 81 cm, 1897.

 

Los 7 impresionistas

Un siglo después de la exhibición de la colección Caillebotte, James Cutting, un psicólogo en Cornell University, revisó más de 15,000 instancias en las que aparecían pinturas impresionistas dentro de cientos de libros de la librería de la universidad. Con este estudio comparativo concluyó inequívocamente que había únicamente siete impresionistas cuyo nombre y obra parecía aparecer mucho más que sus demás contemporáneos. Estos siete impresionistas consisten en Monet, Renoir, Degas, Cézanne, Manet, Pissarro y Sisley.

Parece que podemos concluir que, si bien la fama de dicho grupo de pintores se debe a su gran talento, también mucho de dicha fama se remonta a la visibilidad que el grupo de pintores obtuvo, durante muchas décadas posteriores, gracias a su amigo Caillebotte. Indudablemente, Caillebotte tenía buen ojo para la pintura, no por nada en su época era considerado uno de los impresionistas más prometedores. Si bien es cierto que las obras de siete impresionistas adquirieron gran visibilidad gracias a él, también deberíamos cuestionarnos el por qué escogió específicamente a esos pintores para comprarles obra, ya que, en realidad, en su momento fue amigo de varios pintores más.

Si revisamos la historia del arte en distintos momentos, han surgido grandes coleccionistas que han identificado magníficos artistas antes de que éstos adquieran reconocimiento, viéndolos alcanzar éxito posteriormente, no sólo en su época, sino llegando incluso a trascender en el tiempo. Muchos grandes artistas deben sus carreras a aquellos que, pese a no ser artistas, poseyeron la sensibilidad para identificar el nuevo arte valioso, aún cuando las diferencias del mismo (en relación al arte del momento) lo hacían de difícil digestión para gran parte de su público. En realidad, sin aquellos sensibles al arte que tienen la capacidad de apoyarlo con sus recursos, la obra de ningún artista, por más grande que fuera, podría obtener el reconocimiento que merece.

 

Alfred Sisley, Lane of Poplars at Moret (Paseo de Álamos en Moret), óleo sobre tela, 54 x 73 cm, 1888.

 

 

La técnica de Toulouse-Lautrec

febrero 20, 2018

Henri de Toulouse-Lautrec es uno de los pintores postimpresionistas más famosos y reverenciados de su época. Si bien en vida no obtuvo reconocimiento, el tiempo ha sabido reivindicar su gran talento. Su estilo de pintura es espontáneo, vertiginoso, seguro de sí mismo y preciso a la vez que imprudente. Pese a lo despreocupado de su carácter, su gran dominio del dibujo y la pintura nunca se vio limitado por su forma de ser. De hecho acomodó su técnica, si bien sencilla, acorde a las necesidades de su carácter y a los intereses que quería plasmar en su obra.

Lautrec, como muchos de su época, tenía conocimientos de técnicas y procedimientos clásicos. Como veremos más adelante, a pesar de ser uno de los pintores vanguardistas más radicales de su momento, supo retomar y adaptar muchos de los procesos clásicos que conocía. Los deconstruyó y, partiendo del resultado, produjo su sistema de trabajo.

En esta publicación hablaremos un poco de su historia, sus circunstancias e intereses y cómo éstos se tradujeron a su pintura en cuanto a decisiones técnicas, procesos y estilo.

 

Henri de Toulouse-Lautrec, Femme rousse nue accroupie (Pelirroja desnuda arrodillada), óleo sobre cartón, 46.36 × 60.01 cm, 1897. San Diego Museum of Art.

 

Henri de Toulouse-Lautrec, Retrato de Misia Natanson, óleo sobre cartón, 53 x 40 cm, 1897.

 

La historia temprana de Toulouse-Lautrec

Toulouse-Lautrec nació el 24 de noviembre 1864 al sudoeste de Francia, dentro de la familia de los condes descendientes del Imperio de Toulouse. La historia de su familia es de hecho bastante interesante, pues se remonta al imperio de Carlo Magno, aunque sus antepasados se retiraron de la gran política desde el siglo VIII. Claro que, pese a haberse retirado, continuaron siendo una de las familias feudales más influyentes del sur de Francia por muchos siglos.

Lautrec fue un niño enfermizo, de huesos frágiles. Desde pequeño desarrolló una enfermedad que hoy en día llega a denominarse “síndrome Toulouse-Lautrec”, la cual en su caso era congénita. Se dice que su enfermedad se debía a que en su familia, al igual que en la de muchos nobles, era común casarse con sus mismos parientes. Dicha enfermedad hizo que durante su infancia Lautrec pasara mucho tiempo en cama, lo que le hizo empezar a pintar desde pequeño, en lugar de salir a jugar en la intemperie.

 

Toulouse-Lautrec, Un ouvrier à Céleyran (Un trabajador en Celeyrán), óleo sobre tela, 1882.

 

El inicio de sus estudios como pintor

Sus primeras clases de pintura las tomó tras terminar el bachillerato. Dichas clases eran impartidas por León Bonnat, su primer profesor quien, sin embargo, cerró su estudio en 1882. A raíz de esto, Lautrec ingresó al estudio de Fernand Cormon, que tenía la gran ventaja de estar situado en el corazón de Montmartre, el barrio de los artistas emergentes y de vanguardia. Por ahí se paseaban Manet, Baudelaire y sus secuaces. Fue ahí en donde Lautrec trabó amistad con distintos pintores que compartían sus intereses y su forma poco común de ser.

En 1883 Lautrec abandonó el estudio de Cormon, yéndose a vivir con el pintor Henry Grenier. En este estudio trabajaba Degas, a quien Lautrec admiraba profundamente. En dicho período, además de conocer a Degas, Lautrec conocería también la pintura de Manet, quien es considerado el padre de la pintura de vanguardia de la época.

Los artistas de la generación de Lautrec buscaban una nueva meta, algo diferente a aquello conseguido por los artistas del pasado. Las circunstancias de vida en la ciudad y la vida bohemia de los artistas de la misma transformarían a Lautrec de un noble campesino a un artista bohemio con una vida desenfrenada.

 

Toulouse-Lautrec, Amazone (Amazona o Montura de lado), óleo sobre gouache sobre cartón, 55.5 × 42.5 cm, 1899.

 

Toulouse-Lautrec, La toilette (El baño), óleo sobre cartón, 67 cm × 54 cm, 1896.

 

La iniciación de Lautrec en los cabarets

Grenier y su esposa fueron los primeros en llevar a Lautrec a los cabarets que había por todos lados en la zona del taller. Lautrec se hizo asiduo cliente del Moulin Rouge, el Gato Negro y el Moulin de la Galette, así como del Élysée Montmartre. Durante la época había muchísima prostitución en Francia. Se dice que en cierta forma había sido permitida e incluso promovida por Napoleón III como una especie de paliativo para mantener a la gente tranquila. Había mucha pobreza y distintos conflictos sociales que el gobierno prefería cubrir, o desviar la atención de los mismos, para aplicar sus recursos en otras necesidades.

En los cabarets Lautrec comenzó realmente a formarse como artista, puesto que la pintura clásica ya no le satisfacía. Le fascinaban los actores, las bailarinas, las luces y la vida moderna, principalmente del mundo nocturno. Le gustaban los tumultos, los lugares pequeños, la iluminación artificial, el humo y las nuevas ropas.

Su pintura comenzó a transformarse a partir de sus experiencias dentro de los cabarets. Sus trazos de pincel cada vez más ágiles y vertiginosos acercaban cada vez más su pintura a las personas que retrataba. Su pincel le permitía experimentar aquello que su cuerpo le impedía: el baile, el movimiento y la exploración del erotismo más allá de sus complejos físicos. Su técnica fue desarrollada a la vez con el fin de poder representar esta vida con una apropiada vertiginosidad y espontaneidad.

 

Toulouse Lautrec, El inglés (William Tom Warrener, 1861–1934) en el Moulin Rouge, óleo sobre cartón, 85.7 x 66 cm, 1892.

 

La forma de pintar de Toulouse-Lautrec

La forma de pintar de Lautrec se vio fuertemente influencia por Degas y aunque siempre usó materiales distintos a él, conserva cierta reminiscencia con la forma en que Degas aplicaba el color y el material.

La técnica de Degas era una técnica de acuarela y pastel, ambos materiales que fueron inventados como hoy los conocemos a mediados del siglo XVIII (en esta publicación profundizo en la historia de la acuarela). Sin embargo, dicha técnica conjunta de acuarela y pastel comenzaría a tomar gran fuerza en el primer tercio del siglo XIX y solía combinar las dos técnicas por distintas razones. En primer lugar, el pastel es una técnica porosa, que permite que se vea el fondo sobre el cual fue trabajada. Por esta razón, la acuarela es un medio ideal para acompañarle, ya que con ella se puede entonar el papel por zonas y aprovechar dicha circunstancia en la apariencia final de la obra. A grandes rasgos, esto era lo que hacía Degas y fue un elemento que Lautrec trasladó a su propia manera de trabajar.

La forma en que Lautrec deconstruía la imagen, incluso en técnica de óleo, aprovecha que también permite ver el fondo. Si bien este recurso también lo encontramos en la pintura de otros impresionistas como Monet, en Lautrec remite considerablemente a la pintura de pastel y, en ocasiones, incluso hace uso del mismo. A Lautrec, al igual que a otros impresionistas, no le interesaba la perfección lisa de la academia. Su trabajo era más una especie de dibujo y pintura conjunta que acentuaba el uso del gesto y la línea como herramienta discursiva.

La pintura de Lautrec no es estática sino que siempre tiene movimiento, estando llena de ritmo, baile y música. A su vez, está profundamente interesada en la atmósfera, el color y las luces. Para lograr dicha combinación de intereses, entre lo gestual y lo atmosférico, Lautrec tuvo que desarrollar una técnica de trabajo propia y única, completamente característica de él.

 

Edgar Degas, Bailarina ajustando su zapatilla.

 

El proceso de trabajo de Toulouse-Lautrec

Toulouse-Lautrec construye sus pinturas de abajo hacia arriba, con lo que quiero decir que considera cuidadosamente qué material va a ir encima de cual otro para lograr el efecto y colorido que desea.

Lo primero que hacía era dibujo de contorno de manera precisa y espontánea para determinar la composición básica de aquello que iba a pintar. Posteriormente metía cargas, que son una suerte de imprimaturas localizadas con blanco y caolín, carbonato u otro polvo absorbente e incoloro con el cual se puede dar solidez al impasto. Con estas últimas definía lo que le interesaba y aquello a lo que quería llamar más la atención, para restarle importancia a todo lo demás.

Estas mini imprimaturas localizadas tenían dos funciones en su obra. Por un lado, las colocaba en los sitios en los que habría luces altas o elementos iluminados que quisiera destacar, como caras u objetos brillantes. Por otra parte, las utilizaba también para generar con materia, y de forma más escultórica, la sensación de distancia o proximidad. Para esto colocaba impastos más densos de carga en cosas que quisiera generar la sensación de que estaban físicamente más cerca, mientras que colocaba impastos más ligeros en cosas que debían percibirse como más lejanas. El paso siguiente era cubrir estos semi impastos con semitransparencias.

 

 

Toulouse-Lautrec, Lucien Guitry y Granne Granier, 1895.

 

La forma de trabajar de Lautrec empleaba sus medios con distintas densidades de forma siempre muy controlada. A veces hacía veladuras delgadas, casi completamente transparentes. Otras veces hacía veladuras más gruesas, hasta el punto de volverlas casi impastadas, pero aún manteniendo su transparencia. Al analizar su trabajo de cerca es muy interesante ver cómo lograba tanta precisión de forma espontánea e inmediata. Logrando controlar en su paleta el grosor y color de sus materiales, adquirió la posibilidad de dejarlos sobre el lienzo con un solo trazo, manteniendo la mayor espontaneidad posible y sin la necesidad de retrabajar sus piezas volviéndolas “duras”.

Mantener controlados los materiales de pintura de forma precisa permite que los trazos retengan la forma del cómo se les colocó sobre el lienzo desde el principio, sin la necesidad de volver a retocarlos. Esta actitud de no retrabajar, si bien despreocupada, remite en cierto sentido al pensamiento de distintos pintores orientales, en donde tanto la precisión como la espontaneidad son reverenciadas, promoviendo una forma de trabajar sin corregir errores.

 

Toulouse-Lautrec, Maxime Dethomas, óleo sobre cartón, 67.5 × 51 cm, 1896. National Gallery of Art, Washington D.C.

 

Lautrec y su relación con el arte en oriente

Al igual que la de muchos otros pintores impresionistas, la obra de Lautrec necesitó varias décadas para adquirir el reconocimiento que ella merece. Se sabe que tras la muerte del pintor su madre intentó donar muchas de sus obras al estado para que fueran expuestas, mas la obra fue rechazada. Lo mismo ocurrió con la obra de otros impresionistas, hasta que hubieron pasado varios años desde el primer momento en que fueran ofrecidas.

La obra de Lautrec realmente adquirió reconocimiento hasta el siglo XX y, al igual que en el caso de Van Gogh, serían los apasionados del arte en oriente quienes harían que los ojos del propio país de origen del artista revaloraran la obra del mismo. Varios impresionistas tuvieron fuerte influencia del arte oriental, de los cuales se conoce más el caso de Monet y Van Gogh. Sin embargo, también podemos encontrar cualidades cercanas a aquellas del arte oriental en la obra de Lautrec.

La pintura oriental ha colocado fuerte énfasis en el gesto y la expresión del movimiento a través de la pintura por miles de años. Sin duda, dicho aspecto es a su vez una de las características más significativas de la obra de Lautrec. Por supuesto, en su obra no sólo encontramos movimiento expresado mediante el trazo, puesto que a su vez es una obra profundamente emocional, al igual que el arte oriental. La línea y el dibujo en la misma se emplean para transmitir emociones muy íntimas y sensaciones sutiles, al igual que dinámicas.

Si analizamos la filosofía taoísta y su vínculo con las artes, encontraremos textos y personas que, al igual que Lautrec, usaron la gestualidad y la pintura como un medio de liberación no sólo del cuerpo, sino también de la mente y del espíritu a través del mismo. Si bien el cuerpo de Lautrec lo confinaba a la quietud, su pintura le permitió una libertad que, si nos ponemos a pensar, en realidad pocos logramos.

 

Toulouse-Lautrec, La payasa Cha-U-Kao en el Moulin Rouge, óleo sobre cartón, 64 x 49 cm, 1895.

 

Fotografía de Toulouse Lautrec usando ropa japonesa

La importancia de las técnicas de pintura

febrero 12, 2018

Durante el siglo XX, y particularmente a principios del mismo, se criticó mucho el uso de las técnicas de pintura. Los pintores vanguardistas se fueron liberando de las técnicas a la vez que se deshacían de los rígidos lineamientos de la academia.

La realidad es que la academia europea del siglo XIX se había vuelto sumamente estrecha de miras. Recordemos que en este período las exigencias de un nuevo mercado burgués le habían impulsado a crear lineamientos específicos que pretendían ayudar a determinar qué arte era más valioso que otro en términos económicos. Lo único que puede decirse de de estos primeros lineamientos es que eran ridículos y, por suerte o por desgracia, fueron a la vez tan duros e incongruentes que impulsaron a muchos artistas a buscar nuevos caminos, nuevas formas de crear.

Como consecuencia esto trajo muchas nuevas manifestaciones artísticas y, por desgracia, trajo a la vez la pérdida y el rechazo de la herencia del pasado. Esta herencia es, precisamente, las técnicas de pintura y los procedimientos de los grandes maestros de la antigüedad, que tardaron muchos siglos en desarrollarse y que, en realidad, fueron muchas veces tan transgresoras como en su momento lo serían las vanguardias.

El problema de la academia no era la técnica, sino la mentalidad cerrada que dirigía el uso de las mismas. Las técnicas en sí mismas no pueden limitarnos, puesto que no son más que herramientas. Aquí hablaremos un poco sobre la academia y respecto al valor que poseen las técnicas de pintura.

 

Shields, on the River Tyne 1823 Joseph Mallord William Turner 1775-1851

 

La expresión y el lenguaje

Lo más significativo de la pintura y de todas las formas de arte es que detrás de ellas hay personas que piensan, sienten y que quieren servirse del arte para decir algo. El que pinta quiere manifestarse, hablar de su tiempo, de la sociedad, realizar criticas y expresar sus quejas; busca expresar su vínculo con lo divino o exponer la miseria humana. Lo mismo ocurre cuando se escribe, cuando se toca música, se canta o se baila.

Hasta hace algunas pocas décadas no existían ni el derecho ni la obligación de que la gente fuera a la escuela. En México, no fue hasta 1952 que se volvió obligatorio asistir a la escuela, aprender a leer y a escribir. 1952. A otros países su circunstancia social específica les permitió hacer este cambio décadas antes, mientras que, a otros, hasta después. Algunas naciones se dieron cuenta desde principios de siglo que para las empresas era mejor que la gente supiera sumar, restar, multiplicar, escribir y leer. Sin embargo, el beneficio que conllevó el que la gente aprendiera a leer y escribir no sólo se limitó a facilitarle la labor a las empresas.

Al usar un lenguaje común, las personas adquieren la posibilidad de manifestarse y de acceder a lo que otros manifiestan por su cuenta. Una vez deja de dependerse del lenguaje hablado y una vez que lo que es manifestado se vuelve palabra escrita, se agrega la posibilidad de viajar grandes distancias, no sólo geográficas, sino también a través del tiempo. Este lenguaje es el dado por las letras, mas como ya se mencionó, hay muchos lenguajes. Hay los dados por símbolos o señas, hay el conocido como lenguaje corporal, el lenguaje de los animales, el lenguaje del instinto.

 

Jean van Eyck, Virgen y Niño con Canon van der Paele, c. Temple y óleo sobre panel, 1434–36.

 

Muchos lenguajes

Hay quien hace de la expresión su razón de vida, un buen ejemplo de lo cual seríamos, por supuesto, los artistas. Plasmamos nuestras ideas, dialogamos con los demás e intentamos muchas veces que aquello que manifestamos no sólo exprese algo nuestro, sino que además pueda darle voz a otros, haciendo de vehículo a algo que ha sido llamado universal.

Entre los artistas hay quienes buscan, con esta finalidad, refinar su lenguaje, encontrando en su proceso formas de trabajo más precisas o abstractas y haciendo de su arte algo que trascienda el tiempo, barreras mentales, culturales, comunicando a la vez cosas grandes o sutiles. Se trata de cosas que son difíciles de transmitir literalmente, por lo que suelen transmitirse entre lineas, pero en las cuales usualmente están las claves de lo que pretende transmitirse en el arte.

 


Leonardo da Vinci, La última cena, Buon fresco terminado al seco, 1495-1498

 

El lenguaje de la pintura

La pintura es tan sólo un lenguaje entre tantos más. En ella se usan color, trazo, línea, forma, mancha y las características de los materiales en lugar de las palabras. Este es el lenguaje del artista o creativo que se identifica con las imágenes que pueden lograrse con la pintura. Aquel que considera que lo que quiere transmitir y expresar ya se encuentra dicho en parte dentro del propio material de la pintura.

Semejante tipo de creativos han existido por muchos siglos, acumulando a lo largo de todos esos años una cantidad inmensa de información respecto a cómo han logrado manifestar sus ideas. Nos han legado sus recursos, herramientas y descubrimientos. Dichos recursos son las técnicas y los procedimientos de la historia de la pintura.

 

Sandro Botticelli, Venus y Marte, c. 1485. Temple de huevo sobre panel, 69 cm × 173 cm

 

La herencia técnica

Las técnicas de pintura deben su desarrollo a la búsqueda -e incluso la lucha- de algunos artistas del pasado por mejorar su obra, por lograr más y de mejor manera. No existiría el gran acervo de experimentos exitosos y fallidos si no fuera por el intento de algunos artistas por que sus obras atravesasen la línea del tiempo, por la durabilidad de las técnicas y los medios que desarrollaron, pero también porque el impacto de sus obras fuera tal que se grabara en las mentes de quienes las observaran.

Tras años de experimentación y desarrollo en su propio trabajo, algunos pintores se dieron cuenta de qué técnicas de las que usaban eran más afortunadas que otras. Notaron cuáles duraban más tiempo, con cuáles se podía exaltar mejor la luz, con cuáles se podía exaltar mejor el color, cómo había que retratar las formas, exaltar las perspectivas, entre otras cosas. Notaron cuáles eran las combinaciones más afortunadas de materiales y heredaron las mismas a artistas posteriores. Sus medios, soportes y otros recursos técnicos, medios que al ser comprendidos por los artistas crean un puente entre el espectador y el artista, llevando sus ideas y emociones hasta los otros y haciendo que ellas impacten a todo aquel que las ve.

 

Rembrandt, Autorretrato, Temple y óleo sobre tela, 1658.

 

La adaptación de las técnicas

Durante la Edad Media, la iglesia controlaba las técnicas y determinaba cómo se debía pintar y cómo no, con qué medios y con cuáles no. A partir del Renacimiento temprano muchos artistas comenzaron a desarrollar técnicas para liberarse de esos lineamientos. Las técnicas resultantes fueron un esfuerzo conjunto de grandes artistas a lo largo de mucho tiempo.

Grandes artistas inventaron nuevas técnicas, las transformaron y las heredaron, todo con la finalidad de mejorar su alfabeto: el lenguaje de la pintura. En aquella época, si bien había secretos de taller que no eran revelados, la rigidez técnica que alguna vez impusiera la iglesia no era la norma. En el período comprendido desde el Renacimiento temprano y hasta el Barroco tardío, el desarrollo técnico logrado por mucho pintores implicó también el desarrollo de nuevas técnicas y no sólo el preservar y continuar la herencia legada por los artistas del pasado.

Grandes artistas de la talla de Rembrandt y Tiziano tomaron técnicas antiguas y las transformaron a su conveniencia, inspirando de esa forma a muchos otros y transmitiendo cosas que antes no habría sido posible transmitir. No sólo heredaron sus obras, sino también sus procesos, para que otros pudieran partir de sus métodos para crear los propios.

 

Durero, Autorretrato (1500), Pinacoteca Antigua de Múnich.

 

El desarrollo de nuevas técnicas

Técnicas como aquellas desarrolladas por Rembrandt siguen maravillando a gran cantidad de pintores actuales. Sin embargo, solemos olvidar que lo que Rembrandt logró en su momento no fue el trabajo de un solo hombre. Se trata del logro de muchos pintores, de varios siglos de información y del desarrollo técnico que el artista tuvo la posibilidad y deseo de retomar y mejorar.

Debido a las búsquedas por lo nuevo, en el siglo pasado muchos artistas de vanguardia asumieron las técnicas como imposiciones obsoletas. Así se satanizaron los sistemas antiguos de uso, en beneficio de encontrar un nuevo discurso en la plástica del momento. Con el tiempo, esto produjo una especie de nueva academia; una nueva forma de esclavitud en la que el artista debe obedecer un conjunto de reglas. Justo aquello de lo cual escapaban quienes en un principio abandonaron la técnica. La academia de las post vanguardias.

La ventaja de este desarrollo fue que enfatizó el problema real. El enemigo nunca fueron las técnicas, sino la mentalidad rígida que tenían detrás. Las técnicas no tienen voluntad propia y no nos pueden obligar a trabajar de una forma u otra. Nadie puede hacerlo. Son herramientas que permiten cosas y que podemos transformar para adaptarlas a nuestras necesidades. En lugar de ser cadenas que nos atan al pasado, pueden ser alas para volar una vez son comprendidas. Comprender las técnicas es lo que permite al pintor transformarlas y crear nuevas, encontrando aquellas óptimas para cada pintor.

 

Anselm Kiefer, Parsifal III, óleo y sangre sobre papel sobre lienzo, 1973, Tate.

 

El valor de las técnicas

Las técnicas antiguas siempre serán recetas que, bajo nuevos ojos y sentido de autodirección, mantendrán su carácter de técnicas personalizadas. No se tiene por qué pintar igual que aquellos del siglo XVI, XVII o XVIII, mas tampoco se tiene por qué rechazar hacerlo, si eso es lo que deseamos hacer.

Las recetas sólo son para usarse como vehículos y para construir sobre ellas formas nuevas de producir. Nos ayudan a llegar a la dirección que buscamos, haciendo que nuestra obra tenga una óptica específica. Son muchas que, combinadas con la libertad implícita en cada ser humano, se pueden utilizar tal como se quiera, para lograr lo que sea que se desee.

A aquellos que se atrevieron a investigar las técnicas y a transformarlas según sus necesidades, se les nota en sus obras. Es además interesante que ellos por lo general son los más grandes artistas de la historia. Aquellos que no sólo se quedaron con lo que les ofrecía y dictaba el presente, sino que tuvieron la capacidad de tomar del pasado y a su vez transformarlo en relación al futuro que tenían en sus mentes.

 

Jackson Pollock, 7, acrílico sobre lienzo, 1968.